La Luna llena de Cuaresma…

La luna llena del mes de marzo, es la última luna llena del invierno, con ella llegan cambios, da paso a la apertura de nuevos ciclos, a la renovación y renacimiento, a la entrada de una nueva estación anunciada por el equinoccio de primavera.

Esta Luna es llamada la Luna del gusano y se debe a que la temperatura comienza a subir lentamente y la tierra comienza a deshelarse, aparecen los “moldes” de gusano (agujeros) anunciando la vuelta de los petirrojos y la primavera. Algunas tribus conocían a ésta Luna como la Luna Llena del Cuervo, cuando el graznido de cuervos señalaba el final de la estación de invierno; o como la Luna Llena de la Corteza, porque el agua formaba una capa delgada de hielo alrededor del tronco de los árboles, esta se deshelaba en el día y se congelaba en la noche. También la llamaban Luna Llena de Savia, porque marcaba la época en que los árboles de arce comenzaban a reverdecer, se le consideraba que era la última Luna Llena del invierno.

En este periodo la tierra se prepara a recibir las semillas que fructificaran en verano, la luz ha llegado y es el comienzo de la vida en total fuerza y plenitud. Los días y las noches son igual de largos, así que también es tiempo de equilibrio y balance, tanto exterior como interior. Renovarse y renacer, son los objetivos para estos días de luna llena… Es importante que durante la semana estés muy atent@ con las acciones que tomas. Días para prestar atención a las “Leyes de la Naturaleza” sin olvidar la famosa frase de Víctor Hugo “Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla, mientras el género humano no escucha”.1

Distintas culturas honran esta luna llena como preámbulo de la primavera… incluyendo la cristiana con su historia de muerte y resurrección.2

Fuentes: wikipedia.orgtime.comholifestival.org

  1. Excelente periodo para finalizar con hábitos limitantes y realizar acciones que mejoren nuestra calidad de vida. Somos como una planta con flores marchitas que debemos limpiar y podar para que pueda florecer.
  2. Período de cuarenta y seis días, desde el miércoles de ceniza hasta la víspera del domingo de Resurrección, en el cual algunas iglesias cristianas preceptúan ciertos días de ayuno y penitencia en memoria de los cuarenta que ayunó Jesús en el desierto.