Gustav Theodor Fechner

Las Trece Esferas del Ser

Las Trece Esferas del SerGustav Theodor Fechner: Uno de los filósofos alemanes más profundos ha volcado los fundamentos de su filosofía en dos obras “Visión del día y Visión de la noche” “Palabra Viva”, conocimiento vivo: tal el nombre de su obra capital, que con ese título da a entender que su autor no se “retuerce” en un “puro hablar”, no trabaja con conceptos abstractos sino que extrae su saber de la vivencia inmediata.

Fechner parte del hecho de que nuestro cuerpo está formado por millones de seres vivientes pequeñísimos: las así llamadas células. Cada una de estas células tienen una existencia relativamente independiente, tiene una vida propia dotada de todos los elementos inherentes a ella: Metabolismo, asimilación, secreción, desarrollo, multiplicación y muerte. Y unidos, a estos elementos exteriores de la vida interior, hemos de pensar que también han de desarrollarse procesos de la vida interior, acaso bajo la forma de sensaciones extremadamente primitivas1.

Ninguna de las células podrá percibir con carácter inmediato y claro el contenido de vida de otra célula integrante de un mismo cuerpo humano; pero el hombre cuyo cuerpo sea el producto de la integración de cada una de tales células con las demás, no aísla en sus percepciones la percepción de cada una de las células que integran su cuerpo, sino que reúne dichas percepciones celulares como suma que da por resultado su percepción total como ser humano… La conciencia total de las células está contenida en la conciencia del ser humano como unidad superior. De ahí que el continuo reemplazo de células moribundas por otras células “sucesoras” no signifique ningún desgarramiento de la conciencia total del hombre; en la continuidad de su experiencia vital se incluye la continuidad de sus millones de células… Y viceversa, toda flaqueza del organismo humano considerado en su totalidad, toda inquietud, toda idea resultante del contacto con el medio ambiente, todo estado de ánimo, placer, dolor, ira, amor, satisfacción, desasosiego, serenidad, malestar, bienestar, en fin todo lo que la conciencia humana percibe en su plano de humanidad, hallara la forma de manifestarse también “allá” en la conciencia celular, bajo forma de alteración oscuramente percibida de la vitalidad de las células, según el ser humano se sienta deprimido o feliz… Pero la célula nunca podrá saber que el dolor viene  del hombre sino que cree que ella es la que lo produce o las células inmediatamente próximas a ella… la idea de que forma parte de un organismo superior, juntamente con millones de otras células y en la misma forma que estas, más aun, la idea de que aquello que dicha célula había considerado siempre como su propia individual, independiente, no es más que una partícula de vida que debe su existencia y su esencia al hecho de estar integrando aquel organismo superior, del cual se producen sin que ella cobre conciencia todos los impulsos y energías de la vida propia aparente de dicha célula… Si esta célula individual pudiese trasponer los límites de su conciencia superior del ser humano, entonces, a partir de esta nueva perspectiva, la célula comprendería la ley que determina su relación de dependencia con respecto a la totalidad del ser humano…

El hombre a su vez, no es más que una especie de célula dentro de un organismo superior. Del mismo modo, en que se disponían las células individuales en el organismo humano, el hombre individual pasa a integrar un organismo de categoría superior, participando de la vida de este organismo en la misma forma en que la célula individual participaba de la visa del organismo humano, esto es, participando el hombre en forma “humana” de la vida de aquel organismo superior, aun cuando sus ojos de ser humano no logren contemplar ni reconocer jamás a dicho organismo… Ahora bien ¿Dónde se encuentra ese organismo, ese ser superior del cual el ser humano no es más que una mínima célula?

Ese organismo gigantesco, que contiene la totalidad de los seres humanos y, con ello, los pensamientos, los sentimientos, inquietudes psíquicas, estados de ánimo, experiencias, percepciones, en fin la totalidad de la vida física, psíquica y mental de todos los seres humanos de la tierra, ese organismo gigantesco que contiene aquella totalidad en un plano de conciencia superior, que sobrepasa el plano de la conciencia humana – del mismo modo en que la conciencia humana sobrepasa a la oscura conciencia celular- , ese organismo gigantesco es LA TIERRA.

La Tierra es un inmenso ser viviente, integrado no solo por el “órgano” de la humanidad total, sino también por los órganos de la animalidad, de la vegetalidad, de la mineralidad, de las aguas y de los aires, de los fuegos2… de todo lo que vemos “allá afuera” como mundo exterior perteneciente a la naturaleza; y todas estas participan de su vida. Dentro del concierto de esta vida, el ser humano individual, con todo lo que piensa y siente, no es más que un pensamiento fugaz que germina en una relación de dependencia inconcebible superior, de modo que toda ciencia y todo arte humano no son más que una letra de una palabra superior que solo puede pensar la tierra.

La tierra según Fechner no es, a su vez, más que una célula integrante de un organismo aun superior; juntamente con otras células semejantes a ella… Y es así que todos somos miembros de un organismo superior, que está dentro de nosotros en la misma medida en que nosotros estamos dentro de él3. Y solo es posible adquirir un saber de “dentro hacia fuera”… en cuanto se rompen las vallas que nos mantienen confinados, el yo se convierte en fuente originaria de todo acontecimiento científico. Es por eso que sobre la entrada del templo de Apolo en Delfos se leen inscritas las siguientes palabras: “Conócete a ti mismo”, y en el interior de dicho templo, se leía a continuación de aquellas palabras “Y conocerás a Dios”.

Círculo infinito entre adentro y afuera.
El aliento de vida se mueve en forma circular siempre.

  1. Los Sentidos.
  2. Los cuatro elementos.
  3. De ahí la importancia de la “Presencia”.