Douglas MacArthur, ejemplar “soldado corazón”

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476px-MacArthur(2)Nadie envejece por vivir años, sino por abandonar sus ideales.
Eres tan joven como lo sea tu confianza en ti mismo, tu esperanza.
Eres tan viejo como tu temor, tus dudas, tu desesperanza.
Douglas MacArthur

Cada día hay en el Universo una estela dejada por la acción de otros seres humanos que al igual que nosotros buscaban la excelencia. Hoy esa  estela o  “semilla del día” fue sembrada por…

Douglas MacArthur deseaba ser recordado por los suyos por algo más que ser un soldado:

Por profesión, soy un soldado, y me enorgullezco de ello. Pero estoy aún más orgulloso – infinitamente más orgulloso – de ser un padre. Un soldado destruye para poder construir; el padre solo construye, nunca destruye. Uno tiene el potencial de la muerte; el otro personifica la creación y la vida. Y mientras las hordas de la muerte son poderosas, los batallones de la vida son aún más poderosos. Es mi esperanza que mi hijo, cuando me haya ido, me recuerde no en batalla, sino en casa repitiendo con él nuestra sencilla plegaria diaria.

Es el militar más condecorado de la historia de los Estados Unidos de América.

Las fuerzas aliadas, bajo el mando de MacArthur desembarcaron en la isla de Leyte el 20 de octubre de 1944, cumpliendo su juramento de volver a Filipinas. La posición en el archipiélago se consolidó con la batalla de Luzón tras un fuerte combate, y a pesar de un contraataque masivo japonés en la batalla del Golfo de Leyte. Con la reconquista de las islas, MacArthur trasladó su cuartel general a Manila, con el fin de planificar la invasión de Japón, prevista para finales de 1945. Dicha invasión se anuló a consecuencia de la rendición japonesa tras los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, y el 15 de agosto de 1945 MacArthur recibió la rendición formal de Japón que dio por finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Recibió la Medalla de Honor por su liderazgo en el teatro del pacífico suroeste. El presidente filipino Sergio Osmeña le condecoró también con la mayor medalla filipina, la Medalla al Valor de Filipinas.

MacArthur recibió órdenes de Washington el 29 de agosto de ejercer la autoridad final sobre el país a través de la maquinaria de gobierno existente, incluyendo la figura del Emperador Shōwa.  Algunos han afirmado que este periodo como Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en Japón, en que dirigió con mano firme al país hacia un nuevo régimen político durante cinco años y medio, es su mayor contribución a la historia.

Por todos es sabido que MacArthur era Mason.

Existe un ensayo que muchas personas creen influyó en la mente y corazones de los japoneses y que hizo que se convirtieran en la potencia mundial tecnológica que ahora son. Dicho ensayo fue escrito por Samuel Ullman, un autor que pocas personas conocen. El bisnieto de Ullman, Richard Ullman Rosenfield llegó a mencionar alguna vez que se sentía intrigado por la «trayectoria espiritual» del ensayo, especialmente en Japón.

Se dice que el general Douglas MacArthur había citado a menudo ese ensayo -que se conoce como Juventud (Youth)-, y que durante la campaña del Pacífico había conservado en su escritorio un ejemplar enmarcado del mismo. Se cree que los japoneses tomaron el texto del cuartel general de MacArthur, en Tokio y posteriormente lo tradujeron.

Por increíble que parezca, este texto de casi 90 años ha servido de apoyo a gran parte de la productividad japonesa y constituye la guía filosófica de numerosos hombres de negocios. Muchos llevan una copia desgastada del texto en la billetera.

Algunos dirigentes japoneses consideran el referido ensayo un puente entre ambas culturas. Si los occidentales logran comprender la veneración que inspira al japonés, quizá entiendan mejor el que el hombre de negocios nipón busque el sustento espiritual en medio de la abundancia de bienes materiales.

En septiembre de 1987, varios cientos de prominentes hombres de negocios y funcionarios se reunieron en Tokyo y en Osaka a rendir homenaje al ensayo de Ullman. Abundaron allí los testimonios de alabanza; entre ellos, el de Konosuke Matsushita, fundador de la Compañía Panasonic, quien expresó que desde hacía 20 años «Juventud» había sido su lema.

Samuel Ullman nació en Alemania en 1840 y se fue a vivir muy pequeño a Estados Unidos. Fue un comerciante en Ferretería y tenía vocación de servir a la comunidad. Comenzó a escribir a los 70 años.

He aquí el texto traducido de Youth, Juventud.

La juventud no es una época de la vida; es un estado mental. No consiste en tener mejillas sonrosadas, labios rojos y piernas ágiles. Es cuestión de voluntad; implica una cualidad de la imaginación; un vigor de las emociones; es la frescura de las profundas fuentes de la vida.

Juventud es el predominio temperamental del arrojo sobre la pusilanimidad de los apetitos; del ímpetu aventurero sobre el apego a la comodidad. Esta actitud a menudo se encuentra más en un hombre de 60 años que en un muchacho de 20. Nadie envejece meramente por el número de años que ha cumplido. Envejecemos cuando desertamos de nuestros ideales.

Los años pueden arrugar la piel; pero cuando se renuncia al entusiasmo le salen arrugas al alma. Las preocupaciones, el temor, la falta de confianza en uno mismo, encogen el corazón y aniquilan el espíritu.

Lo mismo a los sesenta años que a los dieciséis, en todo corazón humano palpitan el ansia por lo maravilloso, el constante apetito -como de niño- por lo que ha de venir y la alegría inherente al juego de la vida. En el centro del corazón -del tuyo y del mío- existe una estación de radio. Mientras reciba mensajes de belleza, esperanza, alegría, valor y fuerza, tanto de los hombres como del infinito, seguirás siendo joven.

Cuando se abatan tus antenas, cuando las nieves del cinismo y el hielo del pesimismo cubran tu espíritu, entonces sí habrás envejecido, aunque sólo tengas veinte años. Pero mientras tus antenas sigan alto, dispuestas a captar las ondas del optimismo, hay esperanzas de que mueras joven, aun cuando seas un octogenario.