Teilhard de Chardin… Un auténtico visionario

“Llegará el día en que después de aprovechar el espacio, los vientos, las mareas y la gravedad; aprovecharemos la energía del amor. Y ese día, por segunda vez en la historia del mundo, habremos descubierto el fuego”. Pierre Theillard de Chardin

Cada día hay en el Universo una estela dejada por la acción de otros seres humanos que al igual que nosotros buscaban la excelencia. Hoy esa  estela o “semilla del día” fue sembrada por… Pierre Theillard de Chardin

Pierre Teilhard de Chardin, sacerdote jesuíta, filósofo y paleontólogo, con una personalísima interpretación de la evolución. Su influencia fue notoria sobre Theodosius Dobzhansky, genético de gran relevancia y uno de los autores de la Teoría Sintética de la Evolución, más conocida como neodarwinismo. La interpretación de Chardin también resultó fundamental para que la Iglesia Católica aceptase la evolución como principio científico. Su concepción de la evolución, considerada ortogenista y finalista, equidistante en la pugna entre la ortodoxia religiosa y científica, propició que fuese atacado por la una e ignorado por la otra. Suyos son los conceptos Noosfera (que toma prestado de Vernadsky) y Punto Omega.

Su vida

Pierre Teilhard de Chardin nació en 1881 en Orcines, Francia. Su padre le inculcó la pasión por la naturaleza y su madre sus profundas creencias religiosas. Como resultado de la influencia materna, en 1899 ingresa en la orden de los Jesuítas. Obtuvo su licenciatura y fue ordenado sacerdote en 1911. Entre 1912 y 1914 trabaja en el laboratorio de Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural de París, especializándose en mamíferos fósiles. Durante esta época, participa en las excavaciones en que se descubre el “hombre de Piltdown”, que a la postre resultó ser una falsificación.

Sus problemas con la jerarquía Católica comienzan debido a dos escritos sobre el pecado original, y le perseguirán durante el resto de su vida. Para evitar mayores problemas, su superior en la Orden le envía a China, como investigador en paleontología. Permanece en el país asiático durante los siguientes 20 años, en los que estuvo involucrado en el descubrimiento del “Hombre de Pekín”, Homo erectus pekinensis. Su último destino fue la parroquia de San Ignacio de Loyola en Nueva York, ciudad en la que murió en 1955.

Sus ideas

La figura de Teilhard de Chardin es controvertida. Sus escritos sobre teología, especialmente aquellos que hacen referencia al pecado original, siguen estando censurados por el Santo Oficio para la Doctrina de la Fe. A nivel científico sus aportaciones en el campo de la paleoantropología son reconocidas, pero no su teoría evolutiva.

El pensamiento evolucionista de Teilhard de Chardin está muy influido por su visión teológica. Es un firme defensor de la ortogénesis, teoría que postula que los seres vivos tienen un afán intrínseco por evolucionar, y que dichos procesos tienen una direccionalidad clara, desde formas más primitivas hacia el ser humano, y especialmente su consciencia.

El Padre Teilhard llegó más allá, proponiendo lo que él llamó la teoría del “Punto Omega”. Según esta teoría, tanto la vida como la materia y la consciencia evolucionan, debido a una fuerza interior que les obliga a ello. Partiendo de un “Punto Alfa”, una geosfera poblada únicamente por materia, se iría ganando en complejidad, pasando primero por la biosfera previa al hombre, y más tarde a la aparición de la consciencia, la forma más importante de complejidad.

Dicho momento quedaría fijado en la aparición de la cultura humana, a partir del cual el proceso evolutivo biológico, de carácter darwinista, daría paso a un proceso de evolución cultural mediante mecanismos lamarckianos, y tendría como objetivo la unión final de todas las consciencias en una consciencia única y universal, el “Punto Omega” o Noosfera.

Aunque nunca ha sido reconocido oficialmente, las aportaciones de Teilhard de Chardin al pensamiento evolutivo y la conciliación de una profunda fe cristiana con las teorías de Charles Darwin fueron fundamentales para la aceptación por parte de la Iglesia Católica de estas ideas. El hecho de que su figura como paleoantropólogo sea muy reconocida a nivel científico ha ayudado a mejorar el diálogo entre la Iglesia y los especialistas en evolución humana.

El biólogo Francisco J. Ayala realiza una síntesis sobre el pensamiento de Teilhard de Chardin y lo reduce a cuatro puntos básicos.

El tiempo: la cuarta dimensión

Antes de la aparición de la teoría de la evolución, predominaba la imagen de un universo estático, formado totalmente desde sus lejanos comienzos. Por el contrario, con la evolución aparece la dimensión “tiempo”, como un actor principal, ya que el cambio es lo esencial y lo estático es lo inexistente.

La evolución universal

Para Teilhard, no sólo la vida, sino la materia y el pensamiento están también involucrados en el proceso de la evolución. De ahí que es necesario atribuirle a dicho proceso un sentido.

Principio de complejidad-conciencia

El sentido de la evolución, que involucra tanto la materia, como la vida y el pensamiento (o el espíritu), está comprendido en un principio descriptivo de la mayor generalidad: la tendencia hacia el logro de mayores niveles de complejidad y simultáneamente, al logro de mayores niveles de conciencia.

Omega: la meta de la evolución

A partir de la tendencia del universo, guiado por la Ley de complejidad-conciencia, Teilhard vislumbra el Punto Omega, al que define como “una colectividad armonizada de conciencias, que equivale a una especie de superconciencia. La Tierra cubriéndose no sólo de granos de pensamiento, contándose por miríadas, sino envolviéndose de una sola envoltura pensante hasta no formar precisamente más que un solo y amplio grano de pensamiento, a escala sideral. La pluralidad de las reflexiones individuales agrupándose y reforzándose en el acto de una sola reflexión unánime”.

La evolución entonces se estaría convirtiendo en un proceso cada vez más opcional. Teilhard señala así los problemas sociales del aislamiento y de la marginalización como inhibidores enormes de la evolución, ya que la evolución requiere una unificación del sentido. Ningún futuro evolutivo aguarda a la persona si no es en asociación con los demás.

El Papa Paulo VI en un discurso sobre la relación entre fe y ciencia se refiere a Teilhard como un científico que acaba de estudiar este asunto y pudo “encontrar el espíritu”, de manera que su explicación del universo manifiesta “la presencia de Dios en el universo en el principio inteligente y Creador”.

En 1987, el entonces cardenal Ratzinger,  (Papa Benedicto XVI) en sus Principios de Teología Católica admitió que uno de los principales documentos del Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes fue permeado por el pensamiento del jesuita francés. Benedicto XVI ha afirmado también que Teilhard tuvo una gran visión, que culmina en una verdadera liturgia cósmica, en la cual el cosmos se convertirá en una hostia viviente.

¿Será Teilhardiana la educación del futuro?

En la alocución de apertura del simposio titulado “Ciencia y Síntesís”, organizado por la UNESCO en 1966, René Maheu (1967), director general de este organismo, decía:

La obra de Einstein y la de Teilhard (…) constituyen sin duda alguna, cada uno a su manera y por su propio esfuerzo, los sistemas de conocimientos más extensos y densos a la vez que se hayan concebido. No basta con constatar que ningún afán de síntesis haya sido tan ambicioso en el campo de la ciencia: sobre todo hay que observar que la síntesis nunca se ha identificado tan consciente y voluntariamente como en la mente de estos dos sabios.

Aquel acontecimiento tenía lugar a los once años de los fallecimientos de ambos, acaecidos con un lapso de ocho días, en abril de 1955. Cuarenta años después, todavía nos preguntamos por qué la tremenda injusticia histórica cometida con “el jesuita prohibido” (G. Vigorelli, 1963). Eso es lo que nos preguntábamos hace ya algún tiempo (en A. de la Herrán Gascón, l993b), y de esta fuente extraemos algunas reflexiones oportunas.

“No somos seres humanos con una experiencia espiritual. Somos seres espirituales con una experiencia humana.”

Muere en Nueva York, el 10 de abril de 1955, el día de Pascua. Un año antes, durante una cena en el consulado de Francia de esa misma ciudad, confió a sus amigos: “Mi deseo sería morir el Día de La Resurrección”.

Gran parte de su obra fue publicada con carácter póstumo por Jeanne Mortier, a la que nombró su albacea para temas editoriales. Esta obra ocupa trece volúmenes.

“Energía viva que puedes plantar en tu vida”.

Te invito a que leas la historia de nuestras Semillas tomando conciencia sobre lo que podrías hacer para trascender en el tiempo 1.

Guillermo Marconi
Marco Aurelio
Carlos Castañeda
Oskar Schindler
Henri Poincaré
Carl Friedrich Gauss
Teilhard de Chardin

Semilla: Personaje que se convierte en efemérides por su legado 2.

Nota: El criterio que utilizo para seleccionar la semilla es basado en las energías activas en el Universo, para así agrandar el radio de acción que podemos alcanzar. 

  1. Todo el mundo sin excepción tiene un alma. Esta esencia de luz es el común denominador que une la creación, el cosmos y la vida. Deberíamos darnos cuenta que en el fondo somos Luz en movimiento. Pero no somos conscientes de esa Luz, de nuestro origen y nos enredamos en los laberintos de la personalidad. La búsqueda espiritual es la búsqueda de nuestra conciencia, de nuestra divinidad interior. Como dice Rodolfo Llinas :

    “La Información es una energía preexistente y fundamental a partir de la cual y con su complejificación se forma la conciencia en sus diferentes grados;  la conciencia de orden superior sólo puede desarrollarse sobre  la base de la conciencia primaria.  Para que la conciencia se dé, es indispensable que la materia posea la Información capaz de entrar en sincronía con la de su medio ambiente.”

    El autor es neurocientífico, director del departamento de fisiología y neurociencia de la escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York durante los últimos 26 años, Miembro de la Academia Francesa de la Ciencia, de la Academia de la Ciencia de los Estados Unidos y de la Real Academia Española de Medicina.  Recuerda que la emocionalidad tendrá el protagonismo que tú le des.

    La gente, embotados sus sentidos, se pierde lo mejor de la vida. O como decía José Ortega y Gasset: “Algunas personas enfocan su vida de modo que viven con entremeses y guarniciones. El plato principal nunca lo conocen”. Sólo cierto ayuno permite despertar de este engaño colectivo, la locura del tener frente a la alegría del ser, que nos hace personas.

  2. En términos de física cuántica cuando emulamos una acción, ésta se convierte poco a poco en realidad. Entonces, si todos lográramos conectar directamente con las acciones de nuestros ídolos de la historia seguramente cada día seremos mejores personas dando forma a las efemérides del futuro.