

El árbol es considerado como uno de los símbolos de la vida. En el campo los árboles de mayo simbolizan la llegada de la primavera y la unión del hombre con la naturaleza. Está vinculado con la alegría profunda del hombre, es decir, de que la naturaleza se despertó después del invierno, de que los pájaros cantan, de que todo florece y de que la vida continúa».
Según la tradición, el árbol de mayo debe ser plantado por muchachos la noche del 30 de abril al primero de mayo. Para ello es necesario quitar la corteza del tronco y adornar la copa del árbol con pañuelos bordados y cintas de los más diversos colores. Siempre se le ha dado preferencia al color rojo por simbolizar el amor.
Con la llegada del cristianismo, la fecha del primero de mayo fue consagrada a los apóstoles Felipe y Jacobo; probablemente para que los santos protejan al hombre de las fuerzas malignas. Hay quienes opinan que de esa manera la Iglesia Católica pretendía sustituir un ritual pagano por una fiesta cristiana.
La llegada de la primavera y el fin del invierno, o según el simbolismo popular, la victoria de la vida sobre la muerte, fue motivo de festejos no sólo para nuestros antepasados, sino también para la gente moderna. Pese a que el hombre civilizado ya no depende de los caprichos del tiempo y de los cambios de las temporadas del año, la primavera causa también hoy gran alegría a todos.
Por ello no hay que extrañarse de que los antiguos rituales y costumbres populares vinculados con el primero de mayo siguen formando parte de la vida actual.


El 30 de abril era para los romanos una festividad consagrada a Plutón, señor oscuro del submundo y de ahí el inquieto temor que inspira a veces esta noche y su imaginaria atribución con las fuerzas mágicas atemorizadoras, el mito Plutón que raptó a Proserpina la hija de Demeter, diosa de la naturaleza y de la tierra y la encerró en su reino el «Inferus» ó hades, por ello, la diosa desesperada negó sus favores a la Tierra y las cosechas dejaron de brotar, la naturaleza dejó de renovarse y quedó cubierta por el manto del silencio, los hombre aterrados clamaron a Zeus para que intercediera por la libertad de Propserpina de tal modo que Demeter volviera a permitir los nacimiento y las cosechas, por fin Zeus consiguió el acuerdo de Proserpina, Proserpina pasaría en el averno con Plutón 3 meses cada año, quedándose durante los restantes en el mundo exterior, durante los 3 meses de cautividad de Proserpina la Tierra permanecería dormida, los 3 meses de invierno, para estallar luego lleno de vida y de júbilo en su liberación, probablemente se consagró a Plutón el día anterior al del júbilo de la diosa, agradeciéndole su actitud para que permitiera el restablecimiento de las cosechas o tal vez para propiciar su actitud de conceder libertad a la diosa mirando su benevolencia, este mito formaba parte esencial en los antiguos misterios del Eleusis, Plutón era más que un ente maléfico, el símbolo del descanso imprescindible previo a la renovación de todo ciclo, ya se tratara de un ciclo agrario, animal, humano o cósmico, igual que Saturno es el símbolo del conocimiento secreto que sólo puede ser revelado a algunos hombres lo que vuelve inevitablemente a asociarse con algún aspecto de la misma diosa, parece ser que la noche de Walpurgis tenía fama como día de excursión de los poderes del mal, y se encuentran en el numerosas ceremonias para ahuyentar a las brujas probablemente nacidas en épocas tardías, muy posteriores a los cultos nacidos de la antigua religión.
Mayo es el mes en que más claramente la naturaleza se muestra victoriosa y luce sus galas haciendo estallar sus campos de verdor y vida, no en vano se le ha llamado el mes de las flores, pues es también sin duda el mes de la diosa, el mes que con más derecho puede merecer tal apelativo, puesto que en el la naturaleza se muestra como en ningún otro, victoriosa y exultante de fuerza. Curiosamente los cristianos calificaron este mes como el mes de María, reflejando así su tendencia a utilizar a la virgen para adaptarla a los cultos y recuerdos que la diosa dejaron en la mente popular. Otro ejemplo de lo mismo se haya en la adaptación al culto cristiano de las llamadas vírgenes negras, que no eran sino efigies de la diosa como «natura de Isis» o «Demeter negras» depositadas en grutas como lugares de culto apropiados dada su vinculación entre los cultos de la fertilidad de la diosa y la tierra misma . Del mismo modo numerosos santuarios de María sustituyen a antiguos santuarios paganos de la diosa, y resulta curioso que siendo María simplemente un agente humano para el nacimiento de Cristo se haya hecho de ella lo mismo que se hizo de la diosa, dándosele un rostro distinto para cada localidad con unos poderes de protección, de bendición y de fertilidad, curiosamente idénticos a los atribuidos a la diosa en sus distintas manifestaciones, resulta difícil sostener que tales atribuciones nacen del ceremonial cristiano y que a cambio resulta muy fácil de percatarse de que simplemente estamos ante el culto antiguo, levemente retocado y trasformado una vez comprobados que era imposible su erradicación.













