Cuando comencé a trabajar en la implementación de sistemas de gestión de vida, mi primer cliente tendía a ignorarme, evitarme y en general tratar de hacer mi trabajo lo más difícil posible.
Esta persona se había dejado vencer por el desorden y caos del día a día, considerando que su destino era pasar el resto de su vida en un estado de estrés continuo causado por dejar todo para el último momento.
Al dejar todo convertirse en crisis hacía que otros dejaran de confiar en su gestión, y en concecuencia, la perdida de confianza en sí mismo, causando disminución significativa de la calidad del producto y calidad de vida; todo por rehusarse a establecer un sistema de organización personal e insistir en tratar de mantener todos sus compromisos en su cabeza.
Por mucho que le explicara que nuestros cerebros están hechos para resolver problemas y crear cosas hermosas, no para mantener una lista de compras, el insistía en su manera y tendía a olvidar cosas para luego castigarse mentalmente, con la sensación de culpa y caída de autoestima creada por incumplirle a otros y a sí mismo. Se excusaba afirmando: «Es muy difícil, me toma más tiempo organizarme que ir a hacer la cosas y ya». Más sin embargo, no hacía todas las cosas, las olvidaba y perdía el tiempo en tareas inútiles.
Le traté de explicar que la ciencia ha demostrado que nuestra memoria corto plazo sólo maneja de forma simultánea siete ideas, que nuestro sistema mental sólo trae tareas a memoria consciente si son críticas o nos gustan mucho, y que esta condición biológica causa que sin un sistema de recordatorios, todo se va a quedar sin hacer hasta que no sea una emergencia.
En el medio de un ataque de estrés y ansiedad, causado por el eventual colapso de todas las tareas en una sola emergencia, logré finalmente, a través de paciencia y persistencia, que mi cliente implementara un sistema de organización personal. La diferencia que eso causó en su vida fue tal, que se planteó como misión de vida tratar de efectuar ese cambio en otros… Mi primer cliente… «Yo mismo».
Desde ese entonces hasta hoy, una gran cantidad de investigaciones e implementaciones me han ayudado a conseguir un método para restablecer el equilibrio, un balance que permite efectividad relajada y eficacia libre de estrés al salir del antiguo concepto de balance Vida/Trabajo, porque la vida no se detiene de 8 a 5, y el trabajo no desaparece al salir de la oficina; por eso, existe la necesidad de un sistema de Gestión de Vida, el cual contemple todos los aspectos que la conforman, tratando de mantener un equilibrio entre los elementos de vida: Organización y Estructura, Motivación y Resiliencia, Visión y Planificación, Flexibilidad y Adaptabilidad.
El balance de estos cuatro aspectos nos llevarán poco a poco a un sistema integral que nos ayude a vivir tranquilos, pero esto no se hace sin trabajo y compromiso al cambio, actuando y viviendo en Responsabilidad Total.
En el futuro, seguiremos contribuyendo a este espacio con recomendaciones que ayuden a construir el navío, que lo proteja de las aguas tormentosas y lo lleve indeteniblemente hacia sus metas.
En este espacio podrá encontrar información sobre:
- Cómo organizarse mejor, utilizando diferentes metodologías.
- Recomendaciones y estrategias para establecer hábitos más productivos.
- Consejos prácticos para un mundo impráctico.
- Tips de productividad en el uso del correo electrónico, computadoras y el mundo electrónico de hoy.
- Cómo entrar en estado de fluidez y cómo replantear su perspectiva hacia el mundo, a través de modificar su visión de sí mismo.
Espero nos acompañen y espero en lo particular poder ayudarlos a convencer a su primer cliente: Usted mismo.












