Para los que nos han visitado antes, bien sabrán que mis escritos tratan de ser lo más científicos posible, rara vez afirmando sin fuentes o estudios, esto deriva de una educación pragmática por naturaleza, tanto en casa como durante mis estudios de Física Pura, los cuales admito no haber concluido… todavía.
Sin embargo, hoy me voy a distanciar de ese estilo, pues estuve conversando con Daniel y Lourdes sobre aspectos filosóficos en naturaleza, como el origen del hombre y el significado de la vida.
Disfruto y me nutro de nuestras conversaciones, pero en esta ocasión salí de la mesa un poco desconcertado.
A veces la vida da giros inesperados, y obligan a re-evaluar filosofías y puntos de vistas. En este momento en particular, me di cuenta que mis viejas opiniones se cementaron tanto de repetirlas con el tiempo que deje de cuestionar su validez, incluso ante mí mismo, y que me he convertido en algo como un autómata de mi propio mensaje, una grabación vieja de la misma convicción.
Cuando surgió la pregunta: ¿Existe un «gran plan»? ¿Un significado especial en la vida? yo respondí de acuerdo a las filosofías con las cuales me identifique hace tanto tiempo, como las de Camus, Nietchze y Kierkegaard.
Pero me fui con la semilla de la duda en mi corazón, ¿es para mí todavía cierto el afirmar de que no existe ningún fin superior a nuestras vidas más que el que nosotros mismos establezcamos?
No voy a decir que de la noche a la mañana he pasado de ver al mundo caótico y sin sentido a un orden predestinado cincelado en piedra, sigo pensando que últimamente nuestro destino es nuestro para controlarlo. Pero, ¿qué tanto del punto de partida de nuestras vidas, y de las cosas que ocurren en el intermedio son verdaderamente casualidad y no causalidad. Ya no es para mí honesto afirmar un total desencanto con el mundo espiritual, así como no lo es afirmar con tanta convicción que dios creó el universo y luego nos dejó solos para que jugáramos en el.
Sin embargo, ese no es el tema de lo que aquí apunto hoy. Lo que quiero decir es: Dese a sí mismo el permiso de re-evaluar sus respuestas, volver a hacerse preguntas fundamentales sobre su vida y su esquema de fe.
O haga preguntas un poco más mundanas, pero verdaderamente cruciales: ¿De verdad no soy feliz? ¿En realidad mis problemas son problemas? ¿Qué es lo que verdaderamente me perturba de mis situaciones “Problemáticas”? ¿Qué cosas me hacen felíz y dejo de hacer porque no pega con mi concepto de mí? ¿Cuándo me he conformado? ¿En dónde me he estancado? ¿Qué puedo hacer, para ser más de lo hoy soy? ¿Quiero de verdad cambiar?
Aunque no tengo todas las respuestas, el simple hecho de hacer las preguntas y escucharme sin prejuicios, ha dislocado bastantes conceptos retrógrados de mi mente, abriendo espacio para nuevas ideas y una sensación de liberación. Los invito a hacer lo mismo.
(1) Foto por Wiseacre













Buen punto ciertamente deberiamos hacernos esas preguntas ( entre otras ) de ves en cuando, saludos.
Hola!
Gracias por compartir tus pensamientos.
Precisamente tu reflexi
Dicen que un cuarto de circulo del secreto para el