

La lucha interna entre pasión y obligación, marcará aspectos de nuestras vidas, creando una disonancia cognitiva donde nuestras emociones quieren simultáneamente salir y quedarse escondidas, alimentando así las frustraciones.
Nuestras comunicaciones externas se hacen más directas y concretas, pero el carácter combativo de las mismas no se ha disipado. La posibilidad de herir con tus palabras esta ahí. Mucha cautela recuerda que uno es dueño de lo que habla y esclavo de lo que dice.












