El planeta Venus, el cual resplandece como la brillante «estrella matutina», se encuentra a la izquierda de la Luna creciente mañana a primera luz. La estrella Espica y el planeta Saturno se alinean arriba de ellos, con Espica más cerca de la Luna.
El planeta Venus continúa protagonizando el cielo vespertino. El espectacular «lucero de la tarde» está en el oeste al anochecer y se pone a última hora. El brillo de Venus es mucho superior al de cualquiera de las verdaderas estrellas del cielo nocturno. De hecho, se le puede confundir con un avión.
Al ser tan brillante, y porque se mueve entre el cielo de la mañana y el de la tarde, Venus ha tenido un papel importante en la religión y el folklore de muchas culturas.
Para los mayas y los aztecas, Venus representaba el dios más importante. Se le conocía por distintos nombres, entre ellos Quetzalcoatl. Según la leyenda, fue quien trajo la civilización y la cultura a su pueblo.
En la leyenda de Quetzalcoatl hay muerte y resurrección, así que no es de extrañar que se le asociara con Venus. Después de una prolongada aparición en el cielo de la tarde, Venus se pierde completamente de vista unos días, como si el planeta hubiera muerto y entrado en el mundo de ultratumba. Pero, unos ocho días después, «renace» y reaparece en el cielo de la mañana.
¿Cuántas veces te detienes a observar lo que el cielo cada noche coloca en cartelera?… Recuerda el axioma que dice “Como es arriba… es abajo”… El cielo y las estrellas no son un adorno… son una realidad.
Observar nos conecta en un 30% con la energía del Universo.
Imitar lo observado nos conecta en un 70% con la energía del Universo…
Emular lo observado nos convierte en la energía.
Fuentes consultadas: universoonline.org.
Foto: blogcurioso.com
















