«Om mani padme hum», escrito en tibetano.
Om mani padme hum
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Repite tres veces este mantra afirmación mientras lo respiras.
Om mani padme hum (sánscrito ॐ मणि पद्मे हूँ, oṃ maṇi padme hūṃ) es probablemente el mantra más famoso del budismo, el mantra de seis sílabas del bodhisattva de la compasión, Avalokiteshvara (en sánscrito) o Chenrezig (en tibetano). El mantra se asocia en particular con la representación de cuatro brazos Shadakshari de Avalokiteshvara. Se dice que el Dalái Lama es una reencarnación de Avalokiteshvara, razón por la cual el mantra es particularmente venerado por sus seguidores.
Momento para poner el acelerador a fondo (el vehículo somos nosotros) y el objetivo es manejo consciente de nuestro libre albedrio, para que no nos alcance la sombra de la duda. La falta de opciones es solamente un pretexto para prolongar la ilusión. Tal y como digo en el clima de hoy: El Universo nos dio Libre Albedrío y siempre, siempre, tenemos una alternativa.
Alcanza el equilibrio físico, mental y emocional. Descubre cómo hacerlo al estilo tibetano…
Izu era un asceta que, renunciando a las riquezas del mundo y decidido a encontrarse a sí mismo, se instaló con un cuenco de madera, una cuchara y una vieja túnica en las montañas de la cordillera del Himalaya. Allí, en una árida explanada, cerraba los ojos escuchando los cantos de los pájaros, el sonido de los vientos y el rugir de las aguas de una cascada cercana. Así pasó meses, incluso años. En silencio escuchaba y meditaba las palabras invisibles de los elementos.
Cierto día Izu, habiendo alcanzado un alto grado de concentración y llegando a la integración con todos los sonidos que le rodeaban, sintió que su corazón crecía en lo más profundo de su plexo solar. Sentía una presión que le era agradable pero dolorosa al mismo tiempo, tanto que, no pudiendo resistirlo, abrió la boca para gritar, más su garganta no emitió sonido alguno. La presión seguía creciendo y cuando el dolor era casi insoportable vio frente así un gran dragón amarillo que emergía de la tierra. Izu, paralizado por el miedo no se movió. El dragón lanzó fuego sobre el cuenco de madera que Izu empleaba para beber y comer, llenándolo de un fluido dorado y convirtiéndolo en un recipiente de pulido metal. Finalmente el Dragón le dijo a Izu» Tu eres la persona que mejor ha sabido guardar en su interior los sonidos de la vida y la muerte, del odio y el amor, de la oscuridad y la luz. Por ello en nombre de los dioses del conocimiento, te hago entrega de este objeto capaz de trasmitir las sensaciones más increíbles, capaz de estremecer tu alma y también tu corazón.
Según cuenta la leyenda, así nacieron los cuencos tibetanos y desde hace milenios han sido utilizados, como práctica habitual, en todos los Monasterios y Lamaserías del Tibet nepal y la india.
Los milenarios cuencos tibetanos son un instrumento ideal para alcanzar un equilibrio físico, mental, emocional. Su práctica abre las puertas al misterio que transmiten sus sonidos, e invita a un viaje personal para lograr un estado de serenidad, creatividad, bienestar y afinidad con la salud. Los cuencos tibetanos tienen un inconfundible efecto sobre las personas. Se utilizan cada vez más con fines terapéutico ya que dirige el sonido correcto hacia nosotros mismos.
Los secretos de estos cuencos son un misterio que los monjes tibetanos guardaron durante mucho tiempo. Sus sonidos nos invitan a una experiencia de armonía, profundo bienestar y serenidad. Cuando todo en nuestro cuerpo esta “afinado” se produce música.
Cuando se producen bloqueos el cuerpo deja de resonar con el universo y con su entorno, porque pierde su sonido original armónico y aparece entonces la desarmonía del cuerpo.
Al aplicar sobre el cuerpo, ya sean los sonidos armónicos de los cuencos, o de la voz, por resonancia, el cuerpo reconoce los sonidos, identificando así, el sonido armónico que le corresponde para restablecer su equilibrio y armonía natural.
Los cuencos se utilizaban tradicionalmente para la meditación y la sanación. Se golpean o se frotan con una baqueta. Su sonido característico con resonancias armónicas (sobretonos) se utiliza como herramienta de vibración para reducir el estrés, equilibrar los centros vitales (chakras), y aumentar la energía, propiciar un camino hacia la sanación, y la quietud necesaria para meditar. El resultado es un individuo más productivo, más centrado, más feliz, transportado a un espacio de tranquilidad y equilibrio. Este espacio existe dentro de cada persona: un lugar donde tomamos contacto con la «Sinfonía del Universo”.
Semáforo: Luz Roja: a las apariencias, a la sombra. “Apuesta a ti… el premio eres tú” Fórmula: Imagen: http://moblog.net
Luz amarilla: a la incertidumbre, a la duda.
Luz verde: al libre Albedrio, al sentido de pertenencia.
Lourdes Méndez![]()
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