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La leyenda de los cinco Soles

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El Quinto Sol

El Quinto SolEl Sol asciende más temprano a mediados de junio que durante cualquier otra época del año. La fecha de la salida del Sol más temprana varía según el lugar; ocurre primero en las latitudes del sur, y después paulatinamente hacia el norte.

La leyenda de los cinco soles

Los mitos maya y nahua afirmaban que la era del quinto Sol —en la que se supone que vivimos— está en declinación. Las criaturas de la Tierra sufren continuamente al ser probadas por los dioses; cuando alguna especie falla, perece con el Sol al que pertenece.

Existían varias versiones de la bella leyenda del nacimiento y muerte de los soles.2 En los Anales de Cuauhtitlán, una versión nahua relata que la primera de las cinco eras —cuatro de las cuales habían fenecido hacía mucho tiempo— estaba representada por el ocelote. Este era el reino del poder instintivo que habitaba en la forma de un animal y en la obscuridad. Ninguno de estos habitantes se salvó de la extinción: los ocelotes los devoraron a todos. Después llegó el Sol del Aire, la era del espíritu puro. El hombre de esta era se transformó en mono. Posteriormente vino el Sol de Lluvia y del Fuego, pero sus criaturas también estaban destinadas a perecer, excepto los pájaros capaces de volar para salvarse.

El último de los cuatro soles era el Sol del Agua, durante cuya era fueron creados los peces. Este Sol pereció en una inundación.

Los cuatro soles: de la energía animal de la tierra, del aire, del fuego y del agua, representaban, evidentemente, los cuatro elementos, cada uno de los cuales estaba condenado a morir. Sólo cuando nació el quinto Sol —Naollín (cuatro movimientos)— fue posible, para los cuatro elementos separados, unirse y formar el Sol viviente de hoy. No podemos, sin embargo, considerar que el Sol es inmortal, sólo lo será si la humanidad es capaz de alcanzar la redención, que hemos visto representada en los nombres de los 20 días del calendario maya. Los nahuas también tenían un simbolismo para este proceso regenerativo que es la finalidad última de la creación. Si esta finalidad no se alcanza, el mundo será destruido.

Una danza indígena —que permanece en la actualidad como vestigio de un ritual anterior a la Conquista— representa la danza de los cuatro soles y la muerte, por turno, de cada uno de ellos. Sólo pueden renacer a través del poder del quinto sol, el cual gira a gran velocidad en el centro. Otra vez vemos en ella a los cuatro elementos, inertes e indefensos cuando están separados, y como generadores de vida cuando se unen en el movimiento.

A diferencia de los mitos, en las religiones mesoamericanas se observa una gran preocupación en torno a la constitución misma del Sol y a sus movimientos —consideraban a la Tierra inmóvil con respecto al Sol—. Su interés se ve, por ejemplo, en el estudio de los pasos del Sol por el cenit de Teotihuacan, o en la conciencia de que cuando el astro estaba más lejos producía menos calor y quemaba con intensidad cuando estaba más próximo. El calendario azteca es una bella muestra del alcance de los conocimientos de este pueblo en relación con los movimientos del Sol.

A medida que las civilizaciones han avanzado en el conocimiento de los fenómenos naturales, se ha ido perdiendo la mistificación del Sol para dar paso a su descripción científica.

El primer intento por describir al Sol como un cuerpo celeste separado de conceptos mitológicos o religiosos se debió a Anaxágoras en el siglo V a.C. Suponía que el Sol era una masa de hierro al rojo, más grande que el Peloponeso. Su suposición estaba basada en la observación de un meteorito que cayó en Aegospotamia y que él consideró que provenía del Sol.

Con el descubrimiento del telescopio, Galileo Galilei, Johannes Fabricius, Christoph Sheiner y Thomas Harriot —casi simultáneamente (1610-1611)— descubrieron las manchas solares. Fue Galileo el que reconoció su verdadera naturaleza de fenómenos solares. Dos siglos después, en 1843, tras haber realizado observaciones del Sol durante 33 años, Samuel Heinrich Schwabe, un aficionado a la astronomía, anunció que el número promedio de manchas solares variaba cíclicamente en un periodo de casi 10 años. En 1852 se precisó el periodo en 11.2 años y se reconoció la posibilidad de la existencia de un periodo de 80 años.

Muchos de los importantes avances logrados en la astronomía solar fueron resultado de la construcción de nuevos telescopios. La naturaleza física y química de las manchas solares se reconoció sólo después del desarrollo del espectroscopio. Actualmente el Sol está clasificado como una estrella GIV, distante 1.5 x 108 km de nuestro planeta. Sin embargo, no se ha perdido su asociación con la fuerza vital que renueva e ilumina la vida del hombre.

Miles de años antes de que los primeros hombres se maravillaran ante la presencia del Sol, las plantas ya utilizaban la energía solar para obtener, mediante complejas reacciones fotoquímicas, las sustancias orgánicas básicas para desarrollar sus funciones vitales. Cómo las plantas absorben la energía solar, la almacenan y transforman en energía química es el contenido del siguiente capítulo.

¿Cuántas veces te detienes a observar lo que el cielo cada noche coloca en cartelera?… Recuerda el axioma que dice “Como es arriba… es abajo”… El cielo y las estrellas no son un adorno… son una realidad.

Observar nos conecta en un 30% con la energía del Universo.
Imitar lo observado  nos conecta en un 70% con la energía del Universo…
Emular lo observado nos convierte en la energía.

Fuentes: radiouniverso.org, bibliotecadigital.ilce.edu.mx

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