Busque al planeta Mercurio en el oeste poco después de la puesta del Sol durante las próximas noches. Se ve como una estrella bastante brillante, pero está tan bajo en el cielo que usted necesitará un horizonte despejado en el oeste.
Es el planeta más cercano al Sol y el segundo más pequeño del Sistema Solar. Mercurio es menor que la Tierra, pero más grande que la Luna.
Si nos situásemos sobre Mercurio, el Sol nos parecería dos veces y media más grande. El cielo, sin embargo, lo veríamos siempre negro, porque no tiene atmósfera que pueda dispersar la luz.
Los romanos le pusieron el nombre del mensajero de los dioses porque se movía más rápido que los demás planetas. Da la vuelta al Sol en menos de tres meses. En cambio, Mercurio gira lentamente sobre su eje, una vez cada 58 días y medio. Antes lo hacía más rápido, pero la influencia del Sol le ha ido frenando.
En la mitología latina, Mercurio, uno de los hijos de Júpiter, era el dios de la comunicación y de todas las actividades que requieren habilidad y destreza. Su principal labor, no obstante, era la de ser mensajero de los dioses y, por sus servicios, Júpiter le concedió un sombrero y sandalias aladas, así como un caduceo de oro o varita mágica con serpientes enrolladas y alas en la parte superior. También llevaba a las almas muertas al Hades o submundo.
Además, era el responsable de la buena suerte y de la abundancia, pero no es muy aconsejable fiarse de él porque también era un gran enemigo y muy mentiroso, y era el dios de los ladrones. Mercurio es, pues, el dios mensajero y también el dios de la elocuencia y de los comerciantes, además de dios de la enseñanza.
Según la tradición, cuando era joven le robó el rebaño a su hermano Apolo, pero se reconciliaron cuando Mercurio le regaló la lira que acababa de inventar. Apolo le ofreció entonces la vara que lleva siempre consigo.
Nota: Esta información sólo es válida para el Hemisferio Norte.
¿Cuántas veces te detienes a observar lo que el cielo cada noche coloca en cartelera?… Recuerda el axioma que dice “Como es arriba… es abajo”… El cielo y las estrellas no son un adorno… son una realidad.
Observar nos conecta en un 30% con la energía del Universo.
Imitar lo observado nos conecta en un 70% con la energía del Universo…
Emular lo observado nos convierte en la energía.
Fuentes: radiouniverso.org, ficus.pntic.mec.es, astromia.com
















