

Aprendió el oficio de barbero, en tiempos en que estos no solo afeitaban y cortaban cabello, también servían de dentistas entre otras cosas.
Supo hacerse un necesario ayudante de médico. Con el producto de su trabajo ayudo a los pobres que no podían pagarle.
Por su barbería pasarán labriegos, soldados, caballeros y todo el que requería asistencia, su vida es en parte es ejemplar por su trabajo humanitario bien hecho.
Pero su calidad de Santo se la debe al ejercicio continuado de la caridad que nace del amor al prójimo, a Jesucristo y a Santa María; y la humildad pues siempre puso a los demás por delante de sus propias necesidades.
Pidió la admisión como monjes del convento dominico del Rosario donde fue admitido como hermano.
En una ocasión el convento tuvo serios apuros económicos y el Prior se vio en la necesidad de vender algunos objetos, ante esto, Martín de Porres se ofreció a ser vendido como esclavo para remediar la crisis.
Murió el 3 de Noviembre en 1639 y fue canonizado el 1962 por Juan XXIII.
















