Después de las fiestas, las vacaciones, los encuentros, los rituales, las celebraciones, los regalos somos llamados a volver a la cotidianidad, sin saber que el Universo está tejiendo una historia completamente diferente en la que si queremos ser protagonistas debemos transitar una vía completamente original e inédita.
Un año atrás Júpiter hizo su entrada triunfal en el signo de Piscis.
Júpiter entra en piscis después de 12 años, este ciclo representa el antes (Piscis fue su casa) y después, un paso de la sencillez a la opulencia. Debemos estar muy claros de nuestros propósitos durante el año, y decidir si queremos disolver (Piscis) algo o demarcarlo (Sagitario, nuevo hogar de Zeus).
Un año después Júpiter entra en Aries, gracias a ello todo lo que hemos construido entrará en una etapa de florecimiento (Aries es el principio es la primavera)…
Revisa tus acciones durante el año y por ellas sabrás en que etapa te encuentras.
¿Construiste o disolviste?
La salida de Júpiter de Piscis junto a Urano (su abuelo) sellan la energía de “turning point” (punto de no regreso) presente en el Universo.
Piscis es Neptuno y representa el mar. La enorme importancia inicial de Neptuno también conocido como Poseidón puede aún entreverse en la Odisea de Homero, donde es él y no Zeus el principal causante de los sucesos.
El tridente de Neptuno es en realidad una “llave maestra”, por eso todos lo persiguen sin saberlo a través de la droga, el alcohol, la religión, el fanatismo porque en el portal de la evasión podemos divisar su reino. Lamentablemente la única manera de llegar a ese reino es a través de “vibración” camino que muy pocos conocen. Neptuno es la disolución, la desintegración de la apariencia, a él solo podemos llegar sin engaños porque él es el engaño, por eso es la esencia subyacente en la forma a la que solo podemos llegar a través de nuestra propia esencia.
Parábola de los dos mares…
Hay dos mares en Palestina.
Uno es fresco y lleno de peces,
hermosas plantas adornan sus orillas;
los árboles extienden sus ramas sobre él,
y alargan sus sedientas raíces para beber sus saludables aguas,
y en sus playas, los niños juegan.
El río Jordán hace este mar con burbujeantes aguas de las colinas,
que ríen en el atardecer.
Los hombres construyen sus casas en la cercanía,
y los pájaros sus nidos,
y toda clase de vida es feliz por estar allí.
El río Jordán continúa hacia el sur, hacia otro mar.
Aquí no hay trazas de vida, ni murmullos de hojas,
ni cantos de pájaros,
ni risas de niños.
Los viajeros escogen otra ruta;
solamente por urgencia lo cruzan.
El aire es espeso sobre sus aguas,
y ningún hombre, ni bestias, ni aves la beben.
¿Qué hace esta diferencia entre mares vecinos?
No es el río Jordán.
El lleva la misma agua a los dos.
No es el suelo sobre el que están,
ni el campo que los rodea.
La diferencia es ésta:
el mar de Galilea recibe al río pero no lo retiene;
por cada gota que a él llega, otra sale.
El dar y el recibir son de igual manera.
El otro es un avaro… guarda su ingreso celosamente.
No tiene un generoso impulso,
cada gota que llega, allí se queda.
El mar de Galilea da y vive.
El otro mar no da nada.
Le llaman el mar Muerto.
Bruce Barton
A veces lo que nos sucede es por permitir que suceda… todos tenemos en nuestras manos el poder de dejar ir… no te quedes atrapado en la miseria humana avanza y deja que la vida con su sabiduría te muestre el otro lado de la moneda…
El mejor ejercicio para conectar con Neptuno es “soltar”, “dejar ir”, “fluir”… en la medida que liberas eres liberado, en la medida que posees eres poseído (Poseidón). Por eso la técnica del “perdón” es tan efectiva, por eso el Hoponopono es tan real. Practícalo y te sorprenderás de los resultados.













