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Mito y leyenda, ciencia y maravilla, un fenómeno generacional que ha fascinado a cientos de personas polarizando a sus observadores en dos bandos atraídos por los personajes de una eterna carrera por sobrevivir.
El Coyote, del náhuatl “cóyotl”, es una de las pocas criaturas en la tierra que han expandido su territorio a pesar del hombre, y la expansión es una actividad asociada a Júpiter. En la caricatura el coyote es un genio en la invención, utiliza su imaginación y su inteligencia para perseguir su objetivo, se le asocia con velocidad constante, tenaz perseguidor, catalogado de testarudo, una actitud muy humana. En la realidad puede mantener el ritmo hasta llegar a su límite.
El Correcaminos, por su parte, es un ser exótico, casi mitológico, descendiente del ave de piernas largas y con cresta que concuerda con la descripción de Platón (del Abraxis de Mysia). Mágico, etéreo, rápido, con su aceleración que desafía las leyes de la física creando una suerte de vórtice que le rodea. Con una misteriosa misión, sin pensar, ni preocuparse por su destino. Escapando sin cesar de su depredador, siempre viviendo de prisa, siempre viajando. Básicamente energético que es también un aspecto de Júpiter. En la comiquita se le otorga el roll de vencedor.
Hagamos como el “correcaminos”…













