Pensar que somos la generación del futuro tal y como están las cosas en el mundo es poco responsable, quienes estamos en esta nave que llamamos planeta Tierra ya no somos el futuro sino más bien el presente.
El campo magnético de la Tierra está sufriendo alteraciones de diferente índole; entre ellas, está afectado por el ciclo natural de precesión de los equinoccios, por explosiones solares, la rotación más lenta del planeta, los cambios climáticos y esto a su vez crea alteraciones en los patrones de conducta, de pensamiento, de comportamiento y de sentido de vida para todos nosotros.
En ocasiones puedes sentir que eres muy pequeñ@, o muy lent@, o insignificante quizás. Por esta razón cada vez más nos estamos quedando callad@s y sin hacer nada, resignad@s, sobreviviendo o perviviendo. El mismo estrés o la presión social nos acelera y evidencia la gran cantidad y lo complejo de las situaciones en la vida, poco a poco, hemos dejado de fijarnos en los detalles, lo rápido ha sustituido lo cuidadoso y artesanal dejándonos una lástima de mareas de personas que pasan corriendo al lado de las maravillas creadas por dios y por el hombre sin capacidad de asombro. Vemos la vida que pasa como pasajeros del tren bala japonés viendo por la ventana los borrones de los objetos cercanos pasando a toda velocidad.


Ser la diferencia puede ser regresar al hogar tiempo atrás abandonado y enseñar lo que has aprendido, volver al viejo farol del barrio y cantar la antigua canción, recordar las raíces llevando a otros la magia y la medicina que ellas contienen.
Ser la diferencia es dar un paso cambiando lo que te rodea e inspirando el efecto dominó que cambie el orden mundial. Es ser la sal de la comida. Es ser quien ponga el ritmo y la alegría. Y solo tú puedes hacer eso. El secreto no está en un libro, está en ti.
Se la diferencia, apuesta a ti, dale sabor a la vida, siembra, cultiva y cosecha con orgulloso y con alegría!!
En los últimos veinte años, diversos grupos de científicos expertos en Física del Cosmos –y, en particular, los geofísicos del Instituto de Física del Globo de París (IPGP)– han detectado variaciones del campo magnético que les llevan a pensar dos cosas: la primera, que se ha iniciado una inversión, y que ésta podría ser muy rápida, unos miles de años tan sólo. La segunda, aún más espectacular, que durante el proceso de dicha inversión el campo magnético podría ir disminuyendo en intensidad poco a poco, de tal modo que podría anularse y hacer ineficaces las populares brújulas en apenas un milenio.
Lo sorprendente de la cuestión es que la existencia del campo magnético terrestre y sus variaciones son conocidas por los marinos desde hace siglos. Y las cartas marinas ofrecen todas, de manera obligatoria, las correcciones que hay que hacerle al norte magnético de los compases de navegación para obtener el Norte verdadero, que es el geográfico. Como es sabido, el norte geográfico es el punto por el que pasa el eje de giro de la Tierra. Y el norte magnético es el que indica la aguja de las brújulas –que los marinos denominan compás–; se encuentra situado en estos momentos cerca de la isla de Bathurst, en el noroeste de Canadá, a mitad de camino entre Groenlandia y Alaska.
Los navegantes conocen perfectamente esta circunstancia; incluso la navegación de recreo exige a sus titulares de embarcaciones, en los correspondientes exámenes, todos estos conceptos y cálculos. Pero fue Colón quien se dio cuenta, quizá por primera vez en la Historia, de la extremada variabilidad de la declinación magnética según los sitios que iba visitando. Él lo atribuyó a unos supuestos movimientos de la Estrella Polar y a diversos factores atmosféricos, pero evidentemente la Polar no tiene nada que ver con el magnetismo terrestre, y además indica el norte geográfico con bastante exactitud y nula variabilidad (esto, a corto plazo, porque dentro de unos cuantos siglos la Polar se irá alejando de dicho norte geográfico debido a la oscilación del eje terrestre, que como una peonza gira sobre sí mismo cada 26.000 años, lo que se denomina científicamente “precesión de los equinoccios”).
¿Cabría preguntarse por qué los mapas se hacen utilizando el Norte geográfico y no el norte magnético? Hoy la pregunta no tiene sentido, pero hasta hace poco más de un siglo era sumamente pertinente: un compás de navegación adecuadamente corregido era un instrumento fiable, portátil, sencillo y, en suma, universal para indicar el norte. Referenciar los mapas a tan simple instrumento parecería obvio. Pero, y ya Colón lo indicaba en sus escritos, resulta que los polos magnéticos no están en las antípodas el uno del otro. Es decir, no hay una línea recta que cruce la Tierra pasando por su centro y que lleve de uno a otro polo magnético, como sí ocurre con los polos geográficos. Además, las líneas del campo magnético –los meridianos magnéticos– que van desde uno a otro polo no son círculos sino líneas sumamente irregulares, que en algunos casos incluso llegan casi a cerrarse en sí mismas. Como sistema de referencia, pues, el campo magnético terrestre es un auténtico desastre…
Con la llegada de los satélites, y especialmente del sistema GPS, y también con los compases giroscópicos y otros desarrollos tecnológicos recientes, las cosas han cambiado de manera drástica. Y aunque los navegantes siguen aferrados a los compases magnéticos, cada vez está más claro que se trata de una tradición que se va quedando obsoleta por momentos. Un campo magnético tan caprichoso que varía según el sitio, cuyos polos no son simétricos y que, además, va disminuyendo en intensidad y va cambiando de dirección con los años, no es precisamente la referencia ideal.
Condición Geofísica: Disminución del Campo magnético d la Tierra.













