
Domingo de Ramos
El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas y de la pasión, de la entrada de Jesús en Jerusalén. En este día, se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que han dado origen a esta celebración: la alegre, multitudinaria, festiva liturgia de la iglesia madre de la ciudad santa, que se convierte en mimesis, imitación de los que Jesús hizo en Jerusalén, y la austera memoria – anamnesis – de la pasión que marcaba la liturgia de Roma.
Durante la Semana Santa, los cristianos celebran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Por ello, las ceremonias que tienen lugar en estos días revisten una especial relevancia.
El Domingo de Ramos, día que inicia la Semana Santa, se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén, siguiendo la narración del Evangelio de San Marcos:
«Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá. Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino
Las ceremonias litúrgicas de ese día comienzan con la bendición de las palmas y ramas de olivo que llevan en sus manos los fieles, rememorando el pasaje evangélico. Durante la ceremonia de la misa se da lectura al relato completo y dramatizado de la Pasión. Para darle mayor fuerza, suelen hacerlo entre tres personas: uno (el sacerdote celebrante) leerá las partes de Cristo, otro (el Sanedrín) leerá las líneas de los demás personajes y uno tercero (el Cronista) hará de narrador.
Jesús de Nazareth
Sin Jesús de Nazareth no existiría el Cristianismo. Sin Él, los dos pulmones del mundo cristiano: él occidental y él oriental, no habrían respirado el aire de un mensaje que los discípulos dicen inspirado directamente por Dios, y que, no se puede negar, ha cambiado profundamente la vida de mil millones de hombres hasta cambiar el curso mismo de la historia.
Jesús ha inspirado con su vida, el arte, la cultura, la política, el sentir social, la poesía, el sentir íntimo del hombre. Especialmente del hombre que en frente a las grandes cuestiones de la existencia, como el dolor y la muerte, mira en Él una vía de esperanza.
Nadie ha sabido hablar como Jesús; ninguno ha sabido actuar como él; ninguno ha sabido operar como él. Todavía hoy, después dos mil años, su mensaje y su palabra, siguen aún vigentes.
Es importante que se familiarice con respecto al significado de las celebraciones,
no por «erudismo» sino por «vivencia»… el conocimiento y asimilación de
nuestra «Historia» es la plataforma de despegue de nuestra «libertad»













