Pocas cosas son tan aterrantes como la experiencia de apagar por completo nuestra mente consciente, soltando el control de nuestras vidas por un momento. Sin embargo, al pasar de 170 pulsaciones cardíacas por minuto, la parte de nuestro cerebro que nos hace «humanos» deja de recibir flujo sanguíneo y se apaga(1), dejándole control absoluto a esa parte de nuestras mentes que no difiere en nada a la de un perro y disparando el impulso de «Pelear o Huir».
Si en un momento de pánico podemos convertirnos en poco más que animales, está entonces claro que esa parte de nosotros sigue luchando por supervivencia en la jungla de concreto, no ha desaparecido, está ahí, como el tiburón bajo el agua, acechando sin ser visto.
Al darle la espalda a nuestro lado instintivo, reprimimos ese aspecto de nuestro ser, de forma tal que cuando aflora (como en momentos de pánico), no tenemos cómo manejarlo. Es así como ocurren estampidas ante un tiroteo, matando más personas que la capacidad del arma, o la violencia incontrolada de un oficial de policía al capturar un delincuente.
Esos son momentos de furia animal desbocada, que pudiesen haber sido evitados con un poco más de comprensión ante el hecho de no haber superado esa parte natural, lo cual no es algo que deberíamos superar, por el contrario debemos aprovechar en conjunto con nuestra razón de alto nivel, para poder ser algo más que lo que somos, un humano más completo y más en armonía con su aspecto biológico.
Pero los animales no son sólo violencia y depredación, existe el afecto incondicional del perro, la libertad irreprimible del gato, la intuición del ave y la capacidad instintiva de poder en solo instantes capturar una enorme cantidad de información, determinando la realidad sin necesidad de analizarla primero.
Así que la próxima vez que sienta un instinto, en vez de ignorarlo y pisarlo, trate más bien de escucharlo y ver de dónde surge, descubrirá cosas sorprendentes.
Esos segundos de la primera impresión son poderosos, porque hablan desde esa parte animal de nosotros, nuestro subconsciente capta mas información de la que pudiésemos siquiera nombrar en ese tiempo: Postura, tono de voz, posición de las manos, forma de vestir, proximidad, micro-expresiones faciales, micro-gestos corporales, computados y arrojados con precisión increíble a nuestra mente consiente en una sola expresión «me da buena espina». Esa forma indescriptible de percibir no debe de ser ignorada, ¡pero tampoco escuchada con confianza ciega! No hablo aquí de un retorno al mundo animal, simplemente de una aceptación consciente de que hay mas a nuestro sistema perceptivo que simplemente un ser de alta lógica y razón, existe también un sabio en el sótano que sin explicar porqué… simplemente sabe.
(2) Foto por HarpyImages













