Hoy es el primer día de Mercurio retrógrado y con él iniciamos un proceso de tres semanas donde debemos reestructurar y revaluar. Justamente en éste momento es importante que no comas alimentos del mar, ya que los niveles de toxicidad están elevados.
Por otra parte nuestra Semilla del día nos conecta con los factores climáticos, Al Gore es llamado el “Profeta del clima” y aprovecho su energía para invitarlos a resguardarse energética y emocionalmente sobre los efectos planetarios en este momento.
Avivemos el planeta y nuestro ser con alimentos orgánicos:
Los alimentos orgánicos son aquellos productos agrícolas o agroindustriales que se producen bajo un conjunto de procedimientos denominados «orgánicos». Estos procedimientos tienen como objetivo principal la obtención de alimentos más saludables y la protección del medio ambiente por medio del uso de técnicas no contaminantes, y que además disminuyan el empleo de energía y de sustancias inorgánicas, sobre todo si son de origen sintético.
Los productores de alimentos orgánicos procuran que sus productos estén libres de agroquímicos y no se pueden utilizar para su producción semilla o plantas transgénicas.
Los alimentos orgánicos se producen con el fin de nutrir el organismo humano protegiendo la salud de los consumidores, el equilibrio ecológico del lugar donde se producen y están libres de sustancias tóxicas o químicos potencialmente dañinos a la salud (exceptuando los que ya están presentes en el medio ambiente).
Cito un artículo publicado por Sonia Santoro, donde explica:
“En un momento se pensó que con el fast-food ya estaba todo solucionado; que lo importante no era comer ni cocinar, que lo importante era otra cosa. Ahora hay una vuelta al origen porque nos alejamos tanto que nos perdimos… y empezaron a aparecer chicos con colesterol, por ejemplo”, dice la naturista Marisa Ledesma. El origen del que habla Ledesma es la comida orgánica; lo más parecido a la cocina de la abuela que se ha visto. De aquella abuela con quintita en el fondo de la casa donde correteaban un par de gallinas pisando las lechugas y que cocinaba sus recetas sólo con lo que sacaba de su pequeña producción. Nadie se anima a poner en discusión aquella tradición que a cualquiera, más o menos, le parece entrañable. Pero, ¿cómo volver a la cocina de la abuela hoy, que lo natural es, en realidad, la compra mensual en el súper, el freezer y el microondas? La legión de amantes de lo orgánico tiene algunas respuestas.
Comida orgánica no es lo mismo que comida vegetariana. La definición dice que comer orgánico es, básicamente, consumir alimentos que fueron cultivados sin el uso de pesticidas o fertilizantes y que fueron procesados sin aditivos de ningún tipo. Para lograr un queso orgánico, por ejemplo, la vaca debe comer pasto y granos, nada de balanceados; y en el proceso de producción no se le deben agregar conservantes. Para que un vino sea orgánico, las uvas deben crecer de forma totalmente natural y el método de elaboración no debe incluir ningún químico.
Lo orgánico es bastante más que la etiqueta de moda que decora un envase. Es consumir productos frescos. No usar freezer ni microondas. No hacer grandes compras en el supermercado de productos que duran un mes en la heladera o años en la alacena. Ir al almacén, a la verdulería, a la panadería para consumir las cosas del momento.
Comer orgánico es ampliar el gusto, estar abierto a nuevos sabores y colores: a comer una mayonesa sin huevo y hecha de remolacha; una mayonesa colorada. Es empezar a prescindir de un montón de productos comerciales que expresan una forma de alimentarnos, como los panes lactal o las decenas de variedades y marcas de yogures. Esa no es la única forma de alimentarse. “Tomar conciencia de que lo que comemos nos da la energía que necesitamos para llevar adelante nuestras actividades cada día”, dice Ledesma. “Estamos en una sociedad donde lo que importa es cómo te ves, y no cómo te sientes”.
naturista Marisa Ledesma
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Fuente consultada: wikipedia.org
Foto: viaforo.com
















