Mercurio deja de retrogradar y con él culminamos este especial de investigación para sanar la energía y la melancolía que arrastra el eclipse de Luna.
Mercurio en el Zodiaco representa el niño, el travieso, recordemos que en Géminis es representado como un par de Gemelos uno rebelde y otro sereno, ambos se intercambian y de ahí la personalidad indecisa que caracteriza a los geminianos. En el caso de Virgo es el ratoncito curioso y que roba los “quesos”…
La energía de Mercurio se acentúa tanto al retrogradar como al salir de este período, por ello mi invitación es para que revivamos el niño que llevamos dentro.
Es curioso pero además de incentivar una buena hidratación el caldo envuelve la memoria colectiva de las abuelas y las madres, estoy segura que más de uno de ustedes le hicieron tomar un plato de sopa cuando era niño para que nos hiciera “Más grande y fuerte con cada cucharada”.
Hoy prepara con los más pequeños el…
Caldo de la Felicidad.
Coloque en la cacerola más grande que encuentre varios litros de Tolerancia y Amor por partes iguales.
Agregue una cantidad importante de Paciencia, condimente con una pizca generosa de Buen Humor y toda la SAl que necesita la Vida.
Aromatice con mucha Alegría.
Espume el caldo de vez en cuando retirando con cuidado las impurezas del Rencor, los Enojos y la Rutina.
Cocine a fuego muy suave, deje que hierva lentamente sin que rebalse y cuide toda la vida que el Fuego no se apague.-
Autor desconocido.
Los tres alimentos vitales:
Sólido: El caldo de pollo es ligero y sano y combinado con un poco de pasta como unos fideos finos resulta un primer plato perfecto para esta ocasión.
Líquido: Bebida achocolatada. Pensar en chocolate es pensar en la infancia; hoy date el permiso de disfrutar el niño que llevas por dentro, emula a Mercurio para neutralizar sus efectos mientras finaliza su retrogradación y como dijo Jean de la Bruyere “Los niños no tienen pasado ni futuro, por eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros”.
Aire: Respiración consciente. Sentado en tu silla, con la espalda muy recta, respira tranquilamente. Observa cómo es tu respiración: agitada o serena, corta o profunda, regular o irregular… Cierra los ojos y concéntrate en el recorrido del aire en tu interior: cómo entra y cómo lo expulsas. Ve haciendo que tu respiración sea cada vez más profunda. Respira tres veces llenando de aire el abdomen y el pecho. Expulsa el aire cada vez, muy despacio. Por último, abre los ojos y mueve los hombros en círculos, hacia atrás.