La mayoría de las estrellas visibles sin instrumentos ópticos son abuelitas estelares. Cuando se acerca el final de su vida, se hinchan y aumentan mucho de brillo, algo que terminará sucediéndole a nuestra propia estrella, el Sol.
Un ejemplo de esto es Hamal, la estrella más brillante de Aries, el carnero. La constelación está esta tarde en el este, rodeando la Luna. Hamal está hacia la izquierda, o parte superior izquierda de la Luna.
Hamal es una estrella gigante anaranjada, lo que significa que es mucho más grande y brillante que el Sol.
Las estrellas «gigantes» han consumido el combustible de hidrógeno original de sus núcleos. Básicamente, los núcleos «se adaptan» para producir otros elementos: se encogen y se calientan más. Como consecuencia, las capas exteriores se inflan hacia afuera. Una gigante puede expandirse desde un tamaño como el del Sol -menos de un millón de millas de diámetro- hasta decenas de millones de millas.
Cualquier planeta próximo a una gigante en expansión quedará completamente tostado y, si está lo bastante cerca, la estrella se lo tragará. Eso es, precisamente, lo que les pasará a los planetas de nuestro sistema solar.
Pero no hay motivo para preocuparse. El Sol no entrará en su fase de gigante hasta dentro de varios miles de millones de años.
¿Cuántas veces te detienes a observar lo que el cielo cada noche coloca en cartelera?… Recuerda el axioma que dice “Como es arriba…es abajo”… El cielo y las estrellas no son un adorno… son una realidad.
Observar nos conecta en un 30% con la energía del Universo.
Imitar lo observado nos conecta en un 70% con la energía del Universo…
Emular lo observado nos convierte en la energía.
















