Helena Petrovna Blavatsky, un portal del más allá

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Blavatsky

“El temor, mata la voluntad y paraliza toda acción. Si de la virtud Shîla (armonía en la palabra y acción) está falto, el peregrino tropieza y los guijarros kármicos lastiman sus pies en el pedregoso sendero”.
H.P. Blavatsky en La Voz del Silencio 3

En nuestras ediciones de SieteZentidos, siempre hacemos referencia a figuras representativas de la historia, que de alguna manera hacen eco de la energía que ciclo tras ciclo se repite, la edición de Primavera expresa la reiterada ocurrencia de los comienzos, del florecimiento, de lucha, de empuje, de todo aquel que rompa un paradigma con un espíritu guerrero y defensor de la verdad… Una muestra de ello es la estela dejada por Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) quien ha sido catalogada como una de las figuras más extraordinarias y controvertidas del siglo XIX, principalmente por el efecto y vigencia de su vida, escritos y enseñanzas sobre el pensamiento de lo significativo en el mundo.

Estaba dotada de innegables poderes innatos que quedaron evidenciados en una serie de fenómenos que con frecuencia bufaban los convencionalismos de su época, pero sin afectar ni herir el honor de su familia. Desde su más tierna infancia veía la majestuosa figura de un hindú con blanco turbante a quien llamaba su protector y que, según ella, la preservó de una muerte segura en numerosas ocasiones a lo largo de su vida.

Helena tenía acceso a informaciones de otras dimensiones desconocidas por el humano, tenía el poder de hablar en lenguas sin haberlas estudiado y sus libros traspasan las barreras del espacio tiempo, dejando en evidencia que el tiempo no es lineal sino esférico, aquel que tenga la suerte de leer sus fascinantes obras podrá navegar portales dimensionales.

Su semblanza

“Era sumamente nerviosa y sensitiva, hablaba en voz alta, y a veces la encontraban sonámbula en los más apartados lugares de la casa y la volvían a la cama profundamente dormida. Una noche, cuando apenas contaba con doce años, la echaron de menos en su dormitorio, y, dada la alarma, fueron a buscarla, encontrándola paseando por uno de los largos corredores y en detenida conversación con alguien invisible para todos menos para ella”. Así relató Alfred Percy Sinnett, Teósofo Inglés.

En los pocos retratos que se conservan de Helena, se observa un rostro de rasgos asiáticos, corte tártaro-kalmuka, ciclópea e imponente. Tenía el cabello castaño claro, y unos ojos difíciles de olvidar. Según relata su primo, el conde Witte, “eran enormes de intenso y profundo color azul, brillaban dice, cuando hablaba, de una manera fulgurante, imposible describir”.

El escritor catalán Juan Parellada de Cardellac cuenta “que su físico era más bien vulgar, era corpulenta y carecía de feminidad. Las cosas del amor la tenían sin cuidado, o mejor dicho, la repelían hasta el extremo de que cuando sus amigas hablaban de alguna aventura con chicos de su edad, se le subía el estómago a la cabeza”.

La controversia y su muerte

Queda en evidencia como las distintas religiones, los personajes de aquella época y las sociedades científicas siempre desprestigiaron y pusieron en tela de juicio los poderes de Madame Blavatsky,  una de ellas fue en diciembre de 1884 cuando la Sociedad para la Investigación Psíquica en Londres creó un comité especial para investigarla, a su cargo estaba Richard Hodgson, un joven miembro del comité que llegó a la India para preparar el informe sobre las acusaciones de los Coulomb. Basado en el informe de Hodgson, el comité, «acusa a Madame Helena como una de las impostoras más grandes de la historia y una espía rusa». Este ataque afectó gravemente a la salud de Blavatsky.

Tras lo acontecido, según los testigos de la época, madame trabajó incesantemente en sus proyectos, con su salud seriamente resentida. En mayo de 1887, aceptando la invitación de los teósofos de Inglaterra, se trasladó a Londres donde fue repetidamente desahuciada por los médicos gracias a las acusaciones de fraude levantadas en la India. Según su propio testimonio, Helena recibió un día la visita de uno de sus instructores tibetanos que le dieron, la opción de «o morir liberándose (del cuerpo enfermo) o continuar viva acabando la Doctrina Secreta». Se recuperó y continuó escribiendo su obra, la cual finalizó y publicó en 1888, simultáneamente en Londres y Nueva York.

Madame Blavatsky fue reconocida ese mismo año por constituir la Sección Esotérica (o Escuela) de la Sociedad Teosófica para el estudio más profundo de la filosofía esotérica de los estudiantes dedicados, y escribió para ellos sus tres E. S. Instructions.

Tres años después falleció en 1891. Su cuerpo fue incinerado y un tercio de sus cenizas quedaron en Europa, un tercio en los Estados Unidos, llevadas por William Quan Judge y el tercio restante se encuentra en la sede internacional de la Sociedad Teosófica, depositadas dentro de una estatua hecha en su memoria.

Blavatsky y sus obras

El volumen de su trabajo se puede considerar en la obra «La Doctrina Secreta«. En esta incluye 2.000 citas, con indicaciones exactas de páginas y de autores, relacionando los libros que no habría podido leer, por lo menos directamente.

 La Doctrina Secreta es el libro más importante de Blavatsky. El primer volumen se dedica a la cosmogénesis y estudia, básicamente, la composición y la evolución del universo. El esqueleto de este volumen está formado por siete estrofas traducidas del libro de Dyzian con los comentarios y las explicaciones hechos por ella.

Las últimas palabras escritas en este libro fueron: “Esta obra se dedica a todos los teósofos verdaderos“.

Otro ejemplo de su trabajo y dedicación extenso es el libro Isis sin velo, con más de 1.300 páginas. Según el crítico británico William Emmett Coleman, para escribir Isis sin velo, Blavatsky necesitaría haber estudiado 1.400 libros, lo cuál sería imposible porque viajó constantemente con una pequeña cantidad de libros en su biblioteca personal. Isis sin velo, describe la historia, el alcance y desarrollo, la naturaleza y el origen de las ciencias ocultas y la magia; las raíces del cristianismo, los errores de la teología cristiana y las falacias de la ciencia ortodoxa establecida, en el contexto de las enseñanzas secretas que se ejecutan como un hilo dorado a través de los siglos, llegando hasta la superficie de vez en cuando en los diversos movimientos místicos de los últimos dos mil años más o menos.

El crítico también asegura que “si Blavatsky había leído todos los libros (muchos disponibles solamente en algunos museos o bibliotecas distantes) de los cuales cita fragmentos literales, durante sus libros, le habría llevado varias vidas para concluir la lectura de todos ellos”.

En el contexto de sus escritos y enseñanzas, su vida y su carácter, su misión y los poderes ocultos, está destinada a ser reconocida en el tiempo como la más grande ocultista en la historia de la civilización occidental. Sin duda, Blavatsky es aún una mensajera entre el Universo en sí y los secretos que contiene el origen del mismo. Helena era mucho más que un “Ser”.

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