

Cuenta la leyenda que aquel guerrero en sus aventuras, alzaba su arco y se cubría con un vellocino para protegerse de sus enemigos en tan violentas batallas, y siempre estaba acompañado de sus fieles Canis Mayor y Canis Menor.
A lo largo de tantas aventuras, cuando los vientos del norte y el destino llevaron a Orión a la Isla de Quinos, su fuerza y coraje quedó desvanecida al conocer a Mérope, mujer de la que se enamoró perdidamente, tanto así que la pidió en matrimonio a su padre el Rey Enopión, quien aceptó entregar a su hija a cambio de una prueba de gran valor. Orión, debía exterminar a las más feroces bestias que acosaban y dañaban el reino de Enopión, misión que fue aceptada y cumplida sin problemas ni limitaciones. La historia de amor que se veía venir entre Orión y Mérope, fue frustrada cuando Enopión luego de ser cumplida la misión, se negara a entregar a su hija en matrimonio, provocando así la furia del Gigante Orión.


Luego de pedirle infinitas veces que cesara su ira y viendo que el daño era irreparable en la naturaleza, decidió colmar de veneno un escorpión y enviarlo a su hijo para intimidarlo e intentar que calmara su furia, pero el osado aventurero al ver tan diminuta criatura solo reía y este sin darse cuenta le pico el tobillo. Tras la picadura lo aplastó con su mano y segundos después, cuando el veneno corría por su sangre, cayo moribundo y antes de su muerte, le imploró auxilio al supremo Dios Zeus para que lo ayudara en su venganza, también pidió ser colocado en los cielos junto a sus acompañantes Canis Mayor, Canis menor y una liebre llamada Lepus, así cuando cada persona mirara al cielo recordara sus hazañas y aventuras.


También Zeus para evitar que se enfrentaran de nuevo, situó la constelación de Orión opuesta a la constelación de Escorpio, por lo que el Hijo de Neptuno se muestra en invierno y el venenoso escorpión se muestra en verano, perpetuando así su lucha.











