Alimentación Budista.

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Por: Lourdes Méndez

Alimentacion-Salud“Comer como Dios, o como Buda” no depende sólo de lo que pones en tu mesa. La buena comida no es sólo lo que preparas en tu cocina, tiene más que ver con la percepción de tu mente que con los productos que digieres en sí. Ya lo dijo el Buda, “todo es una percepción de la mente”, el sueño soñado de Calderón.

Resumiendo la teoría Budista sobre su alimentación el foco es la “Cocina para la felicidad”. Sakya Tashi Ling del Garraf escribió un libro donde nos comenta que…

“Según lo qué ingerimos, tendremos un cuerpo u otro, con una salud u otra, con una forma u otra, con una duración u otra. Por eso mismo, los monjes budistas consideramos que los alimentos son medicamentos y que, desde la más temprana de las edades, se debe educar a los niños en la idea de que todo lo que entra por la boca pasa a formar parte de nosotros mismos”.

“Lo importante para nosotros no es tanto lo que haces, sino con qué intención lo haces, algo perfectamente extrapolable al acto de alimentarnos. No nos importa exclusivamente qué se cocina, sino para qué cocinamos y hacia dónde se dirigen nuestros pensamientos cuando cocinamos. En pocas palabras: lo que positiviza la energía de nuestra mente no es la acción en sí, sino la motivación”.

“Y es que el budista no concibe comer como un acto independiente de vivir, sino que siempre se fija en qué, cómo, cuándo, dónde, con quién y, sobre todo, con qué intenciones comemos”.

Lo más importante y que nos deja un gran aprendizaje de la práctica Budista es que debemos mantener los pensamientos positivos y la buena actitud al comer, esto sin duda nos haría más sanos y felices.

Estos son algunos tips que debes tener en cuenta:

– Es importante escuchar al cuerpo y ser consciente de cuándo tienes hambre, qué nutrientes necesitas en cada momento y en qué medida.

– No te saltes las comidas, no pases hambre pensando en adelgazar porque producirías el efecto contrario.

– Come despacio, saboreando lo que ingieres, y descansa cuando consideres que ya has saciado tu hambre.

– No te trates como un cubo de basura, acabando los platos para no tirar o consumiendo los productos de la nevera antes de que se estropeen (eso va por nosotras, mamás).

– No te pases ni le escatimes a tu cuerpo los nutrientes que necesita. Respétate: elige el camino del medio.

– Considera lo que comes y cómo lo comes como parte de la red universal de interrelaciones. Evita el despilfarro; recicla los sobrantes; protege los nutrientes (no abuses de altas temperaturas, fritos y asados de fuego directo; no tires el agua de las verduras; no quemes los alimentos convirtiéndolos en toxinas); apoya la agricultura local; respeta la vida en todas sus formas y agradece el regalo de la energía que consumes para convertirse en parte de ti.

Resumiendo, recuerda siempre que cómo comes no es más que un reflejo de cómo vives. Quién eres -o cómo eres- se manifiesta en todo lo que haces. Vivir/comer con atención, con la consciencia de que lo que comemos pasará a formar parte nuestra (como lo que vivimos, nuestras experiencias, pasan a formar parte de nuestra vida y de nuestro ser). Con agradecimiento por el regalo que el planeta y el trabajo de otras personas nos ofrecen. Con generosidad hacia nuestro propio organismo o hacia el de otras personas, cuando nos toca cocinar. Eliminando los venenos y toxinas siempre que esté en nuestra mano. Con placer y tiempo, degustando cada bocado y evitando el despilfarro, el desaprovechar las experiencias, por muy cotidianas y repetidas que nos parezcan -cada instante de nuestra vida es único e irrepetible.

Así que independientemente de la receta que decidas cocinar procura que sea saludable y lo más importante es que le coloques como ingrediente principal: el Entusiasmo.

Fuentes consultadas: www.crecejoven.comvitonica.com.
Foto cortesía de: historiadelagastronomia.over-blog.es