

Quita generacion de militares (su padre, sus 2 abuelos y 4 bisabuelos y los más de sus tatarabuelos fueron militares). Perdió su madre a los 7 años. Adolescente fue enviado a Caracas al cuidado de su padrino el presbítero Antonio Patricio de Alcalá, para iniciar estudios de ingeniería militar en la Escuela de José Mires. En 1809, con su hermano Pedro y otros jóvenes, integró como cadete la compañía de Húsares Nobles de Fernando VII, en Cumaná, unidad organizada por Juan Manuel de Cajigal y Niño, gobernador de la provincia de Cumaná.
En 1810, la Junta de Gobierno de Cumaná le confiere el empleo de subteniente de milicias regladas de infantería. Este grado fue ratificado por la Junta Suprema de Caracas el 6 de agosto de ese mismo año. En 1811 desempeña en Margarita el cargo de comandante de ingenieros. El 31 de julio de ese año recibió el despacho de teniente. En 1812 se halla en Barcelona, en calidad de comandante de la artillería. Allí, el 3 de julio del citado año, junto con otros ciudadanos notables, firmó el acta de la junta de guerra que se reunió aquel día para resolver lo conducente a la seguridad de la República, a raíz de los acontecimientos en Caracas (ofensiva de Domingo de Monteverde) y la ocupación de Cúpira por un grupo de partidarios de Fernando VII.
Tras la capitulación del general Francisco de Miranda regresó a Cumaná, donde el nuevo gobernador realista Emeterio Ureña le extendió pasaporte para que se trasladase a Trinidad; pero no consta que hiciera uso de dicho documento. En 1813, bajo las órdenes del general Santiago Mariño, integra el grupo de republicanos conocido como los «libertadores de oriente» y participa en las operaciones para la liberación de aquella parte de Venezuela.

Como edecán del general Mariño, en 1814, asiste a la conjunción de las fuerzas de oriente con las de occidente en los valles de Aragua. Ese año, su hermano Pedro fue fusilado en La Victoria por los realistas; y víctimas de José Tomás Boves mueren en Cumaná sus hermanos Vicente y Magdalena. No menos de 14 parientes inmediatos perecerán en la Guerra de Independencia. En 1815, tras combatir bajo las órdenes del general José Francisco Bermúdez en Maturín, pasa a Margarita y escapando del general Pablo Morillo, sigue a las Antillas y Cartagena. En esta plaza, con Lino de Pombo de jefe inmediato, dirige los trabajos de fortificación para la defensa de la ciudad contra el asedio realista. En diciembre está en Haití. Cuando regresaba después a Venezuela naufraga en el golfo de Paria. En 1816, Mariño lo nombra jefe de su Estado Mayor y lo asciende a coronel. Este mismo jefe lo designa en 1817 comandante de la provincia de Cumaná. Ese año, después del Congreso de Cariaco (8 mayo) desconoce la actuación de dicho cuerpo y autoridad de Mariño y se traslada a Guayana, donde se pone bajo las órdenes de Simón Bolívar. El 17 de septiembre de ese mismo año recibió de Bolívar la designación de gobernador de la Antigua Guayana y comandante general del Bajo Orinoco; y también el encargo de organizar un batallón con el nombre Orinoco.
En 1819 recibió el grado militar de general de brigada. El Libertador nombró al general Sucre como jefe del Estado Mayor, y después como ministro Interino de la Guerra. Participó en los tratados de armisticio y regularización de la guerra, de acuerdo con las propuestas de paz que hizo el Pacificador Pablo Morillo, las cuales fueron aceptadas por el Libertador. En 1821, el general Antonio José de Sucre fue nombrado jefe del Ejército del Sur de Colombia. Sucre buscaba la liberación de Quito, para continuar con la de Perú y Alto Perú; esta era la estrategia militar del Libertador, quien tuvo la idea de liberar a la Nueva Granada para luego continuar con Venezuela y seguir hacia el sur hasta el Alto Perú. El general Sucre dirigió y triunfó en la batalla de Pichincha, al occidente de Quito, el 24 de mayo de 1822. Con la derrota de los realistas, Sucre y el Ejército Libertador del Sur entraron triunfalmente a la ciudad de Quito.

Esta provincia fue incorporada a la República de Colombia o Gran Colombia, a pesar del rechazo de los guayaquileños, quienes reclamaron que las relaciones comerciales se hacían más con el Perú que con Colombia. Sin embargo, la presencia del Libertador Bolívar y de Sucre influyó notablemente en el ánimo de los patriotas quiteños y guayaquileños, quienes aceptaron su incorporación a Colombia. El 26 de julio de 1822 tuvo lugar la entrevista de Guayaquil entre los dos Libertadores de América del Sur: Bolívar y José de San Martín. Con el triunfo de Pichincha, el último presidente de la Real Audiencia de Quito, don Melchor de Aymerich, firmó pocas horas después, la capitulación ante el general Antonio José de Sucre. Con este triunfo se aseguró la independencia de Ecuador.
El Libertador Bolívar ordenó al general Sucre que marchara hacia Lima, y al general Santa Cruz al Alto Perú. Sucre fue ascendido a general de división y nombrado comandante del Departamento de Quito. El objetivo de la guerra en el sur contra los realistas era combatir los ejércitos partidarios del rey y culminar así la independencia de América. En septiembre de 1823 el general Sucre llegó a Lima, donde encontró una situación llena de escollos. Con el Libertador Simón Bolívar organizó el ejército insurgente, compuesto por colombianos, chilenos, argentinos, peruanos y europeos. Con este ejército el Libertador dio las últimas grandes batallas de la liberación, contando con el apoyo leal y decisivo del general Sucre.


Con su empuje y heroicidad, el ejército patriota consolidó la ofensiva arrojándose contra los realistas, que empezaron a desorganizarse, hasta que a la una de la tarde el triunfo coronó los esfuerzos de los patriotas. Las tropas del rey sufrieron la más grande derrota: 2000 muertos, 600 heridos y 2000 prisioneros; los patriotas tuvieron 500 muertos y 600 heridos. En pleno campo de acción de Ayacucho se concertó la capitulación entre el derrotado general José de Canterac, pues el virrey José de La Serna no pudo hacerse presente por hallarse herido y prisionero, con el general Antonio José de
Sucre.
En la capitulación de Ayacucho, cuya victoria selló la independencia definitiva de América, se reconoció la independencia del Perú y la desocupación de todos los territorios que se hallaban en posesión de los realistas. Sobre el triunfo de Sucre en Ayacucho, el Libertador Simón Bolívar expresó: «El general Sucre es el padre de Ayacucho, el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Cápac y contemplando las cadenas del Perú, rotas por la espada».


El mariscal Sucre ejerció la Presidencia de Bolivia hasta 1828. Sobre sus obras, se destacaron la educación para todos; la creación de numerosas escuelas, colegios y universidades; y la contratación de maestros extranjeros para fortalecer la calidad en la educación. Sucre siempre manifestó un total respeto hacia los indígenas; mejoró la agricultura, después de diez años de desolación; y estableció relaciones con la Santa Sede. Un motín en Chucluisaca, el 18 de abril de 1828, lo llevo a la renuncia de la primera magistratura de Bolivia. Así se expresó en su mensaje al Congreso, el 2 de agosto de 1828: «En el retiro de mi vida veré mis cicatrices, y nunca me arrepentiré de llevarlas, cuando me recuerden que para formar a Bolivia preferí el imperio de las leyes a ser el tirano o el verdugo que llevara una espada pendiente sobre la cabeza de los ciudadanos». Los peruanos, comandados por el general Gamarra, querían anexar el territorio boliviano al Perú; para ellos, Sucre era el principal obstáculo. A la renuncia del Mariscal, el nuevo presidente de Bolivia fue el general Andrés Santa
Cruz, uno de sus enemigos.
El mariscal Sucre regresó a Colombia a finales de 1828. El gobierno del Libertador Presidente lo nombró para dirigir las tropas colombianas contra la agresión del Perú. Con el ejército colombiano, el mariscal Sucre venció a las tropas peruanas en la batalla de Tarqui, el 27 de febrero de 1829. El Mariscal conferenció con el Libertador en Quito durante varios días, sobre el futuro inmediato de Colombia y la necesidad de una conciliación nacional. Con el fin de participar en el Congreso llamado «Admirable», en representación de su Provincia de Cumaná, el mariscal Sucre partió para Bogotá en los primeros días del año 1830. En el Congreso fue elegido presidente, con la simpatía de todos, pues siempre fue respetado por su ecuanimidad, su hábil diplomacia y sus estrategias de grandes dimensiones.


Ese día, al pasar por las montañas de Berruecos, cerca a Pasto, fue asesinado el mariscal Antonio José de Sucre. Su cadáver estuvo 24 horas insépulto, hasta que un grupo de campesinos lo llevaron al punto de La Capilla. En el proceso del crimen de Berruecos fueron inculpadas las siguientes personas: el coronel Apolinar Morillo, Andrés Rodríguez y José Cruz, soldados peruanos licenciados del ejército, y el tolimense José Gregorio Rodríguez. Los tres últimos trabajaban como peones de José Erazo, un mestizo de la provincia de Pasto, y uno de los cómplices del crimen.


El catafalco que contiene los restos del Gran Mariscal, está hecho de andesita del volcán Pichincha, y el mausoleo está decorado con alegorías de la Independencia, La Libertad y la Victoria. El Gobierno venezolano donó una réplica de la espada del Libertador, que se encuentra en la pared del mausoleo. Periódicamente, la Guardia de Granaderos de Tarqui, que custodia el cercano Palacio de Gobierno, rinde honores al héroe.
















