

Helen Adams Keller (1880 – 1968) nació el 27 de junio de 1880, en Tuscumbia, Alabama. Vivío junto a su familia en la granja de su abuelo.
Arthur H. Keller, padre de Helen fue editor de la publicación local “Tuscumbia North Alabamian”. Su madre fue Kate Adams. Durante la Guerra Civil Arthur Keller, sirvió como capitán del ejército confederado. La tradición confederada estaba arraigada en la familia, la Abuela paterna de Helen fue prima segunda del General confederado Robert E. Lee.; y la madre de Helen era la hija de Charles W. Adams oficial del ejército confederado durante la guerra civil.
Entre no ver y no oír sin ninguna duda es mucho peor no oír pues no ver te incomunica con los objetos pero no oír te incomunica con las personas y eso te convierte en un objeto.»
Debido a una grave enfermedad que sufrió en su primer año de vida perdió la vista y el oído, lo que le impidió desarrollar una vida normal en sus primeros años de vida. Cinco años más tarde sus padres contrataron a Ann Sullivan, una irlandesa que le enseñó el lenguaje de los sordomudos y le ensenaría como abrirse al mundo y educarse.
Junto a Sullivan, curso los estudios básicos y prosiguió estudios especiales en la institución Horace Man School especializada en sordos, y en la Wright-Humason Oral School donde adquirió habilidades de habla. Continuó con sus estudios superiores, con su formación en el Radcliffe College, donde se graduó con la mención «cum laude».
Tras su graduación, Keller realizó diversos viajes a Europa y África. Luego Keller se dedicó a educar personas en situación de discapacidad.
Lo único peor a no tener vista es no tener visión.»
Desde su estadía en la universidad Helen comenzó a escribir sobre su vida. Con el tiempo llego a convertirse en una famosa escritora, con sus textos autobiográficos pues encontró en la escritura básicamente una obra para comunicar al mundo y otros como ella la experiencia de su vida.
Helen recolectaba fondos para la Fundación Americana para Ciegos y hacía campañas para mejorar la calidad de vida y las condiciones de las personas ciegas. Sus campañas fueron uno de los factores importantes para que las condiciones de éstos cambiaran en estados unidos y el mundo.
Si conservas tu rostro dirigido al sol, nunca verás las sombras.»


Otras obras de la escritora son: Canción del muro de piedra (1910), Fuera de la oscuridad (1913), Mi religión (1927), El medio de una corriente (1929), Paz en el atardecer (1932), El diario de Hellen Keller (1938) y Déjanos tener fe (1940).
Las cosas mejores y mas hermosas se deben sentir con el corazón.»
En 1934 la vida le dio a Hellen Keller la oportunidad de devolver parte de los favores recibidos cuando su institutriz Ann Sullivan perdió la vista.
















