Santo Tomás de Aquino precursor del libre albedrío.

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Cada día hay en el Universo una estela dejada por la acción de otros seres humanos que al igual que nosotros buscaban la excelencia. Hoy esa  estela o  “semilla del día” fue sembrada por…

Santo Tomás de Aquino. Es el autor de la Summa Theologica, libro en el cual se integran las enseñanzas de Aristóteles con las doctrinas del cristianismo primitivo. En parte a raíz de esta obra, Aquino fue canonizado en el año 1323 y se convirtió en Santo Tomás.

Aunque era filósofo y teólogo, Aquino tuvo gran repercusión en las ideas de la Psicología a causa de su énfasis en la importancia del libre albedrío. Según él, todo ser humano posee un alma inmortal, que no pertenece al mundo natural: transita por el mundo de la materia, pero no forma parte de él, y en consecuencia no está sujeta a la ley natural ni sometida a las causas y efectos.

Si esto es así, resulta bien fundada nuestra certidumbre de que podemos gobernar nuestra conducta, de que podemos efectuar verdaderas elecciones como seres humanos. Si el libre albedrío es una realidad, ello resulta a la vez terrible y maravilloso. Es terrible porque una tremenda carga se impone entonces sobre nuestros hombros: somos los responsables últimos de toda acción. Y es maravilloso porque esto nos diferencia de los robots y de los objetos.

La doctrina del libre albedrío ha ejercido gran influencia en el existencialismo y en la Psicología humanística.