Nuestra vida cotidiana está llena de expresiones relacionadas con este acto fisiológico aparentemente sencillo. Por ejemplo, habitualmente decimos, «me quedé sin aliento», «tomate un respiro», etc. incluso ensanchamos nuestros pulmones cuando contemplamos un paisaje hermoso. Todo esto nos demuestra, que respirar no sólo es inspirar aire. La respiración abarca todo: cuerpo, mente y alma.
El budismo identifica la respiración con el alma y la tradición cristiana sostiene que Dios nos la insufló con su soplo de vida. En sánscrito (antigua lengua de los brahamanes del norte de la India), la palabra respirar significa, literalmente, Dios en nosotros. En cambio los griegos clásicos ubicaban el alma en el diafragma.
En cuanto al cuerpo y la mente, la respiración está presente en todos nuestros actos, pensamientos y sentimientos. Según nuestro estado de ánimo, como por ejemplo tristes o alegres, tranquilos o enojados, exigidos o relajados, la respiración siempre estará acorde a cada una de estas actitudes. Quiere decir, que así como la respiración se ve influida por nuestros estados de ánimo, también podemos decir que una respiración controlada puede repercutir sobre el cuerpo, la mente y el alma. Existen diferentes métodos de respiración, pero todos tienen el mismo fin: respirar correctamente.
¿Acaso, respiramos correctamente? Poseemos esta técnica elemental desde el momento que nacemos, siendo en nosotros un reflejo que tiene la absoluta prioridad ante cualquiera de las funciones corporales…
«Si nos es lícito confiar en el testimonio del lenguaje, fue el aire en movimiento lo que proporcionó el modelo de la espiritualidad, pues el espíritu toma prestado su nombre del soplo del viento (animus, spiritus; en hebreo: ruach, soplo). Ello implicaba el descubrimiento del alma como el principio espiritual en el individuo. La observación reencontró el aire en movimiento en la respiración del hombre, que cesaba con la muerte; todavía hoy el moribundo ‘espira su alma’. Así pues, se inauguraba para el ser humano el reino de los espíritus…» (Sigmund Freud, Moisés y la religión monoteísta, 1939a, págs. 110-111).
Conjuga el verbo en PRESENTE y con PRESENCIA.
Semáforo
Luz Roja: Al estrés, a la agresividad. Luz amarilla: A la manipulación. Luz verde: Al “centro”, a la “respiración consciente”.
“Apuesta a ti… El premio eres tú” Lourdes Méndez
Fórmula:
en = Serendipity + en = Espíritu guerrero, defensa de patrimonio + en = Masa crítica + = Reto + = Orden, regeneración + = Mitología viva.