Encuentro del Cielo y la Tierra.

Fórmula:

Luna deLeo a VirgoOposicionNeptuno= transición, desorientacion+ Sol en Escorpio ConjuncionVenusSextilPluton y NodoNorte= percepción, sintonización + Marte en Sagitario= Idealismo + NodoNorte ConjuncionPluton SextilMercurio = karma, corazonada + JupiterRetrogrado ConjuncionUranoRetrogrado = efecto dominó + Pluton en Capricornio = nuevo orden mundial.

Interpretación de la Fórmula:

Transición , desorientación  + percepción, sintonización  + Idealismo + karma, corazonada + efecto dominó + nuevo orden mundial.

Día de extrañas coincidencias en el que el cielo y la tierra parecieran encontrarse, mi recomendación es tener mucha cautela sobre todo durante las horas en las que la luna estará en el “Limbo.

LOS DÍAS SANTOS

En esa especie de almanaque agrícola de Hesíodo titulado Los trabajos y los días, se explica minuciosamente el origen de los días fastos y nefastos para guerrear, para tomar decisiones, para pleitear, para celebrar reuniones políticas, para trabajar. En general el motivo era que esos días no pertenecían a los hombres, sino a los dioses.

Es arriesgado pronunciarse sobre el origen de la palabra; los etimólogos temen mojarse, porque en el lexema se entrecruzan todo género de contradicciones (según las apariencias, el fastidio y el fastidiar son parientes próximos de los fastos). Las apariencias marcan también un parentesco difícil de obviar entre el doblete fastus / nefastus y el doblete fas (est) / nefas (est); recordemos la expresión per fas et nefas ( = por las buenas o por las malas; conforme al derecho, o contra toda ley).

Si en efecto es cierto ese parentesco, los días fastos serían aquellos en que fas est (= es lícito, es honesto, está permitido) trabajar y dedicarse a los asuntos propios; y días nefastos, aquellos en que nefas est (= no es lícito, no está permitido) dedicarse los hombres a lo que les importa. El motivo de fondo, siempre el mismo: antes están los deberes para con los dioses, que los intereses de los hombres; es decir que los días dedicados a los dioses tienen absoluta preferencia, de tal modo que quien se los salta desatendiendo sus deberes para con ellos por atender a sus cosas, ha de contar con que no le saldrá bien lo que haga en ese día.

Ese parece el origen de los días fastos e infastos; confirma aún más esta interpretación la existencia de días que eran nefastos hasta tanto no se acabasen determinadas celebraciones religiosas, y empezaban a ser fastos tan pronto como concluían esas ceremonias. Eran los días intercisi, cortados. El 24 de marzo, por ejemplo, y el 24 de mayo eran nefastos hasta que hubiesen concluido los solemnes sacrificios del día, y por tanto era arriesgado emprender cualquier cosa. Una vez acabados éstos, ya eran los días fastos, y era lícito dedicarse al trabajo o a los negocios. Otro tanto ocurría el 15 de junio, dedicado a limpiar el templo de Vesta: el día era nefasto mientras no se concluyese esa limpieza. Parece en total contradicción con los adjetivos fasto y nefasto, el sustantivo generalmente plural “fastos”, que durante tiempo fue sinónimo de Anales, Crónica, e incluso Almanaque o Calendario. En efecto, bajo el nombre de “fastos” se recogían primero las celebraciones religiosas (era una especie de calendario en el más estricto sentido), y luego todo género de celebraciones.

Se trataba, pues, de santificar las fiestas. Con una gran diferencia entre los judíos y los romanos; y es que aquellos tenían además de las fiestas dispersas por el calendario, un día fijo a la semana, el día de Dios o del Señor (dies domínica); los romanos, en cambio, que no tenían bien definida la semana, tenían una gran dispersión de los días fastos y nefastos. Hubo un tiempo, incluso, en que el calendario era secreto, custodiado por los sacerdotes, de manera que el pueblo tenía que acudir a éstos para que les dijeran si los días eran fastos o nefastos, hasta que el escriba N. Flavio los dio a la luz pública, exponiéndolos en el foro escritos en una tabla. De todos modos, la mayor parte de los días eran nefastos, y no les quedaba más remedio a los romanos que acudir a los sacerdotes para que les pronosticasen y orientasen.

No sólo eso, sino que además llegó a intervenir el senado en cuestiones tan peregrinas como modificar por ley los días fastos y nefastos; o a decretar que en determinados días no debería entrarse en combate, porque la experiencia militar había demostrado que eran nefastos. Para fijar convenientemente el significado de los conceptos de fasto y nefasto, conviene tener presente también los adjetivos faustus e infaustus (fausto, feliz, e infausto, desgraciado, aciago) y el sustantivo festum (fiesta), más frecuente en forma adjetiva, junto a dies. Estando todos ellos tan próximos, es impensable que no tengan nada que ver: si no por derecho propio, sí al menos por la contaminación de significado que fácilmente produce la contigüidad, que en este caso es tan estrecha que hasta da lugar a confusiones.

Semáforo:

Luz Roja: a la manipulación.
Luz Amarilla: a la masa crítica.
Luz Verde: al libre albedrío.

«Apuesta a ti… el Premio eres tú»
Lourdes Méndez