“Cuando la vida demanda más de las personas de lo que ellas demandan a la vida –como es el caso normalmente– lo que resulta es un resentimiento a la vida casi tan arraigado como el miedo a la muerte”.
– Tom Robbins
¿Qué le demandas tú a la vida?
David Allen colocó esa frase en un artículo que leí hace algunos años, recuerdo leerla y pensar sobre la cantidad de cosas que tenía que hacer para otros y lo poco que exigía para mí.
No sólo hablo de remuneraciones justas por el trabajo, el sueldo en sí no representa nada real. Tampoco la retribución de un gesto… una buena obra que pida algo a cambio deja de ser buena y se convierte en un servicio.
Me refiero a cuantas de tus iniciativas haces por ti y que cosas pides para ti.
En la universidad uno de mis profesores habló de Egoísmo Responsable; ese fue un concepto que me marcó mucho por las implicaciones del mismo: “No alimentar el ego pero y tampoco olvidarte de ti”.
Existe un estigma social con el pensamiento individualista, la amenaza de ser llamado “egoísta” muchas veces nos impulsa a avergonzarnos por cuidar de nuestra vida e intereses.
Hay mucho más que hacer en la vida que levantarse todos los días en la mañana a trabajar, persiguiendo el final del arcoíris que es un viernes, y cuando por fin llega no es más que de nuevo el principio de semana. Esta total despreocupación con aquello que nos hace felices es a raíz de las ansiedades que impulsan a la nueva adicción de nuestra generación: El Trabajo.
“Si tan sólo logro éste acenso, tendré suficiente para las cosas que quiero”, “es sólo por un tiempo y luego atenderé a mis sueños”, “la situación está difícil”.
Sí, es verdad, pero esas son respuestas a las demandas que hace la vida sobre ti; la pregunta es: ¿Qué pides a cambio?
“Exijo poder pasar más tiempo con mis hijos”, “Demando respeto en mi ambiente de trabajo”, “Requiero que todo nuevo proyecto me enseñe algo”, son todas respuestas válidas independientes a los sacrificios que tengas que hacer.
El dinero es importante a nivel de herramienta de trueque, pero a nivel de realidad, es difícil para nuestra mente entender el concepto de 1.000.000 de dólares, así que aunque se los transfieran a la cuenta hoy, eso no implica ninguna sensación de plenitud. Podría ser una importante realización, y de seguro será la clave para muchos de tus sueños, pero por su mera existencia en la cuenta (además de un poco de seguridad) no crean auto-realización, la cual se alcanza con metas más trascendentes que un número.
En tu mente, haz ese inventario para pasarle factura al Universo, y conseguir de alguna manera, más vida.














Me encanta esa frase