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Alimenta tu alma con aceite de oliva.

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Días para conectar con lo Sagrado, configuración planetaria cuyo nombre es “El Dedo de Dios” razón por la que en Cocinando con los Dioses debemos traspasar la barrera del símbolo para apropiarnos de su significado.

El alimento de los dioses era la ambrosía y como bebida el néctar. Este alimento y bebida recreaban los sentidos, embalsamaban los aires, daban la juventud y la dicha y aseguraban la inmortalidad.

La comida, fue motivo de adoración simbolizando en algunos alimentos básicos la fuerza mágica de un ser supremo que les aportaba la vida.

Sin embargo, a lo largo de la historia se ha considerado el pan y el vino como el alimento de los dioses, de hecho en la exposición que lleva por título «Alimentos sagrados, pan, vino y aceite en el Mediterráneo antiguo», organizada por el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona, se califica el grano de trigo como poderoso talismán contra el hambre, divino cobijo espiritual y promesa de eterna nutrición en el más allá. Los antiguos consagraban los templos con aceite, ungían las piedras sagradas y las estatuas de las divinidades. En las ceremonias laicas y religiosas el vino, a caballo entre la medicina y el veneno, era y sigue siendo la bebida de la alianza.

El nacimiento, el matrimonio, la muerte… todos los tránsitos de la vida han sido, durante años, señalados con aceite, con el que también ungían la reja del arado para consagrar el primer surco.

Alimentos recomendados: Aceite de oliva, pan.
Para tomar: Vino.

Contenido etimológico de los alimentos:

Aceite de oliva, el oro líquido del Mediterráneo.

Como integrante de la triada sagrada de los alimentos primigenios, pan, vino y aceite, todas las antiguas culturas se apuntan el tanto de haberlo descubierto, de hecho incluso los griegos, seguidores y por tanto conocedores de las tradiciones del culto a Isis donde el aceite tenía un protagonismo ritual absoluto, introdujeron en su mitología que había Palas Atenea quien lo había creado para proteger a Erecteion en su huida de Poseidon «… capaz de iluminar las noches, calmar las heridas y nutrirle con un alimento rico de sabor y generador de energía».

También Roma, seguidora a su vez de la antigua Grecia, se atribuía a Hércules haber sido el difusor por el Mediterráneo del áureo elemento.
Sin embargo el hecho de que en el Génesis ya se hable de que la paloma trajo a Noé una rama de olivo como mensaje del fin del diluvio, indica que este alimento ya se encontraba en los albores de la humanidad.

Por razones evidentes derivadas de su propio uso, el aceite es símbolo de luz y prosperidad, aunque también de pureza, quizás porque sea la grasa más limpia y brillante que existe. También lo es de sabiduría, de vigor y de resistencia porque alimenta la luz y el fuego.

En el Levítico, manual de los ritos sagrados y quizás el primer libro de gastronomía de la historia, se nos muestra incluso como se debía de consumir: «más si ofrecieres ofrenda de flor de harina cocida en el horno, han de ser panes sin levadura, amasados con aceite y lasañas, también sin levaduras untadas con aceite. Si tu ofrenda fuere de cosa frita en sartén, será de flor de harina amasada con aceite, sin levadura, y la desmenuzaras y echaras aceite sobre ella. Y si la ofrenda se hiciere de cosa cocida en parrillas o cazuelas, estará igualmente la flor de harina amasada con aceite…».

«Ni hay pesadumbre, que sepa, amigo, nadar;
todas se ahogan en vino y se atascan en pan».
Proverbio antiguo

En qué momento de la Historia un humano se percató de que el fruto de la vid –en estado salvaje- fermentaba, cambiaba de aspecto y producía una sensación de euforia, es algo perteneciente al mundo de la especulación. Y al de la mitología se deben achacar las leyendas de Baco, el dios del vino. Nos han transmitido que fue Sileno, quien se embriagaba con frecuencia, el encargado de alimentar a ese hijo de Mercurio o Pan y de una ninfa, según unos y de Júpiter, Nilo o Caprio, según otros.

Los egipcios atribuían el nacimiento de las viñas a la sangre de los gigantes, causa principal del furor que inspira la embriaguez. Hammurabi, el rey justo y filósofo de Babilonia ya daba al vino la importancia debida, tal y como se recoge en su conocido Código, compendio de leyes que han llegado a nuestros días, en escritura cuneiforme sobre una piedra de diorita. En él se condenaba a la tabernera que aguara el vino a morir ahogada.

Para el mundo cristiano el instante en que Jesucristo alza el cáliz diciendo «bebed porque esta es mi sangre», supuso la consagración del vino como bebida espiritual y de comunión entre todos los seguidores de una religión que llegaría a ser con el tiempo líder entre las religiones. El recipiente alzado por Cristo en la última cena, ante sus más fieles seguidores -el Grial- daría origen a un sinfín de leyendas que todavía sirven de base a un género literario.


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