Miguel de Molinos, creador de un místico movimiento.

Miguel_de_Molinos_1687

Miguel_de_Molinos_1687Pronto el silencio será una leyenda del pasado. El hombre inventa, día tras día, máquinas y dispositivos que aumentan el ruido y distraen a la humanidad de la esencia de la vida, de la contemplación, de la meditación1.

Cada día hay en el Universo una estela dejada por la acción de otros seres humanos que al igual que nosotros buscaban la excelencia. Hoy esa  estela o  “semilla del día” fue sembrada por…

Miguel de Molinos, la obra de Molinos representa el crepúsculo de la brillante tradición mística española. Si bien la Guía espiritual y su quietismo no tuvo repercusiones en España, sí despertó bastante interés en el extranjero; fue traducida al latín, francés, holandés, italiano, alemán e inglés; en quince años corrieron veinte ediciones en diversas lenguas.

El quietismo tuvo repercusión sobre todo en Italia, donde cardenales como Casanata, Carpegna, Azzolini y el mismo D’Estrées se honraron con la amistad de Molinos, y otros como Coloredi, Cíceri y Petrucci, obispo de Jesi, las abrazaron abiertamente; incluso el propio papa Inocencio XI pareció a muchos inclinado en favor de Molinos y dispuesto a hacerle cardenal.

En Francia además también produjo una polémica; difundieron el quietismo el padre François Lacombe, madame Jeanne Guyon y el mismo Fénelon, que apoyó las doctrinas de éste sobre el amor divino; intervino al fin Bossuet, quien logró erradicar sus doctrinas. Modernamente, el quietismo atrajo la atención del poeta José Ángel Valente, quien inspiró su poesía del silencio en algunos de sus postulados o en los del escritor portugués Miguel Torga.

El quietismo fue un movimiento místico surgido en el siglo XVII en el seno de la Iglesia Católica, especialmente en España, Francia e Italia. Fue propuesto por el sacerdote y místico español Miguel de Molinos en su Guía espiritual que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la paz interior, publicada en 1675.

Enseñaba la pasividad en la vida espiritual y mística, ensalzando las virtudes de la vida contemplativa. Sostenía que el estado de perfección únicamente podía alcanzarse a través de la abolición de la voluntad: es más probable que Dios hable al alma individual cuando ésta se encuentra en un estado de absoluta quietud, sin razonar ni ejercitar cualquiera de sus facultades, siendo su única función aceptar de un modo pasivo lo que Dios esté dispuesto a conceder.

  1. Jean Arp