Orión libra el horizonte oriental

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orionOrión libra el horizonte oriental como a las 8 p.m. Su característica más prominente es su cinturón de tres estrellas. La Nebulosa de Orión, la cual es un débil parche de luz a la derecha inferior del cinturón, es una gran guardería estelar.

Muy antiguos poblados indígenas de Norteamérica fueron al parecer construidos en base a la ubicación de las estrellas de la Constelación de Orión.

Mirar ascender a Orión desde el horizonte oriental y tomar su posición invernal dominante en el meridiano es un espectáculo maravilloso. Más aun, es una epifanía sorprendente ver a esta constelación subir del polvo rojo del gran desierto como una configuración estelar de ciudades Anasazi construidas desde mediados del siglo undécimo hasta el fin del siglo decimotercero. De hecho, Orión proporcionó la plantilla por la que los Anasazi (antepasados de los Pueblo) determinaron la ubicación de sus aldeas durante un período de migración que duró siglos. Espiritualmente bajo mandato de un dios que los Hopi llaman Masau’u, este «Orión terrestre” refleja fielmente a su homólogo celestial, con “ciudades» prehistóricas que corresponden a cada estrella mayor de la constelación. El cielo parece descender para encontrar su imagen puesta de manifiesto en la tierra; la tierra mira fijamente hacia arriba, reflexionando en la unificación de lo terrenal y lo celestial.

Más específicamente un «reloj de arena» (que connota a Chronos) añadido a otro triángulo cuya base se apoya en los hombros de la constelación, las proporciones relativas del Orión terrestre coinciden con exactitud asombrosa. Las aparentes distancias entre las estrellas como nosotros las vemos en la constelación (en contraposición a las distancias de años-luz reales) y las distancias entre estas importantes ruinas de pueblos Hopi o Anasazi/Sinagua son lo bastante cercanas como para sugerir que algo más que una simple coincidencia ha tenido lugar aquí. Por ejemplo, cuatro de los lados del heptágono (A. Betatakin a Oraibi, B. Oraibi a Wupatki, C. Wupatki al Walnut Canyon, y F. Walpi al Cañón de Chelly) son exactamente proporcionales, mientras que los tres lados restantes (D. Walnut Canyon a Homol’ovi, E. Homol’ovi a Walpi, y G. El cañón de Chelly de vuelta a Betatakin) se extienden ligeramente respecto a la constelación – desde diez millas en el caso de D. y E. hasta doce millas en el caso de G. (Ver el diagrama.)

¿Cuántas veces te detienes a observar lo que el cielo cada noche coloca en cartelera?… Recuerda el axioma que dice “Como es arriba… es abajo”… El cielo y las estrellas no son un adorno… son una realidad.

Observar nos conecta en un 30% con la energía del Universo.
Imitar lo observado  nos conecta en un 70% con la energía del Universo…
Emular lo observado nos convierte en la energía.

Fuentes consultadas: universoonline.org.
Foto: www.antiguosastronautas.com