Paracelso… La Magia de la medicina.

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Cada día hay en el Universo una estela dejada por la acción de otros seres humanos, que al igual que nosotros buscaban la excelencia… En esta estación escogimos la  estela o  semilla  de dos grandes hombres que sembraron con su hacer, un camino lleno de magia y aciertos que te invitamos a recorrer…

“Es médico quien sabe de lo invisible, de lo que no tiene nombre ni materia y sin embargo, tiene su acción”. Paracelso

Sus investigaciones se volcaron sobre todo en el campo de la mineralogía. Viajó bastante, en busca del conocimiento de la alquimia. Produjo remedios o medicamentos con la ayuda de los minerales para destinarlos a la lucha del cuerpo contra la enfermedad. Otro aporte a la Medicina moderna fue la introducción del término sinovial; de allí el líquido sinovial, que lubrica las articulaciones.

Además estudió y descubrió las características de muchas enfermedades (sífilis y bocio entre otras) y para combatirlas, se sirvió del azufre y el mercurio. Se dice que Paracelso fue un precursor de la homeopatía, pues aseguraba que «lo parejo cura lo parejo» y en esa teoría fundamentaba la fabricación de sus medicinas.

Lo que le importaba a él en primer lugar era el orden cósmico, que encontró en la tradición astrológica. La doctrina del Astrum in corpore es su idea capital y más querida. Fiel a la concepción del hombre como microcosmos, puso el firmamento en el cuerpo del hombre y lo designó como Astrum o Sydus.

Uno de los principios de Paracelso fue: «Únicamente un hombre virtuoso puede ser buen médico»; para él la Medicina tenía cuatro pilares:

  1. Astronomía.
  2. Ciencias naturales.
  3. Química.
  4. El amor.

A Paracelso le atribuimos la idea de que los cuatro elementos (tierra, fuego, aire y agua) pertenecían a criaturas fantásticas que existían antes del mundo. Así pues, la tierra pertenecería a los gnomos, el agua a las nereidas (ninfas acuáticas), el aire a los silfos (espíritus del viento) y el fuego a las salamandras (hadas de fuego).

Igualmente, Paracelso aceptó los temperamentos galénicos y los asoció a los cuatro sabores fundamentales. Esta asociación tuvo tal difusión en su época que aún hoy en día, en lenguaje coloquial, nos referimos a un carácter dulce (tranquilo, flemático), amargo (colérico), salado (sanguíneo, dicharachero) y el carácter ácido pertenecería al temperamento melancólico.

“Los Elementales, no pueden clasificarse entre los hombres, porque algunos vuelan como los espíritus; no son espíritus, por que comen o beben como los hombres. El hombre tiene un alma que los espíritus no necesitan, los elementales no tienen alma, y sin embargo no son semejantes a los espíritus, estos no mueren y aquellos si mueren”.

Quizás si tomáramos más conciencia de que cada elemento es algo vivo que contiene un alma, una energía, una vibración llamada elemental, nos volveríamos más respetuosos con la naturaleza, lo que redundaría en beneficio de la madre tierra.