

Cada día hay en el Universo una estela dejada por la acción de otros seres humanos que al igual que nosotros buscaban la excelencia. Hoy esa estela o “semilla del día” fue sembrada por…
Percival Lowell, fue el fundador del observatorio que permanece activo en nuestros días, el Lowell Observatory.
La mayor contribución de Lowell a las ciencias planetarias llegó en sus últimos 8 años de vida, en los que se dedicó a la búsqueda del Planeta X, un hipotético planeta más allá de la órbita de Neptuno. La búsqueda continuó incluso varios años después de su muerte. Finalmente, en 1930 el nuevo planeta fue descubierto por Clyde Tombaugh, un astrónomo del Observatorio Lowell. El planeta se denominó Plutón, un nombre que tenía reminiscencias mitológicas y cuyas primeras letras, «PL», representaban a Percival Lowell.
Lowell fue en Estados Unidos el principal defensor de la existencia de canales en Marte. Había recogido esa idea de las observaciones y dibujos de Giovanni Schiaparelli, un astrónomo italiano de gran prestigio que había anotado la palabra canali en algunas estructuras alargadas de la superficie del planeta. Lowell se interesó en el tema y pasó varios años observando la superficie de Marte y realizando multitud de dibujos de su superficie. Expuso sus observaciones y teorías en tres libros: Mars (1895), Mars and Its Canals (1906), y Mars As the Abode of Life (1908).
Gran parte de la iconografía popular de los marcianos como extraterrestres prototípicos proviene de las obras de Lowell sobre los canales de Marte y la necesidad de una civilización avanzada capaz de extraer el agua de sus polos y llevarla a las regiones ecuatoriales menos frías.
Su hermano más joven Abbott Lowell llegó a presidir la Universidad Harvard y su hermana, Amy Lowell fue una conocida poetisa y crítica literaria en la época.
“Energía viva, que puedes plantar en tu vida”
















